
Lamentablemente, el pueblo de Xiangcheng, colocado a medio camino entre Shangrila y Litang era horrendo, feo, gris, y sobretodo lleno de hoteles y casas de hospedaje para chinos. Eso significa que después de explorar donde quedarnos a dormir, descubrimos lugares que apestaban a perro muerto, lavabos sucios y viejos con “regalo” en su interior.
Una vez encontramos un lugar “correcto”, fuimos a ver el nada apetecible Xiangcheng, pues al final del pueblo había unas bonitas vistas al valle aderezadas con antiguas casas tibetanas que nos ayudó a olvidar el feo estilo del pueblo nuevo. Continuar leyendo…








