PUERTO MADRYN

En Puerto Madryn hemos logrado alcanzar una experiencia personal muy gratificante con solo pasear en el muelle del paseo marítimo. La ballena Franca Austral se puede divisar a pocos metros de nosotros, quedándote completamente hipnotizado por ellas, observamos sorprendidos algunos aleteos, giros e incluso saltos en la lejanía.

Decenas de curiosos se aglutinaban en el muelle intentando ver al máximo detalle las ballenas y capturar la mejor foto. La verdad es que nunca imaginé que estarían tan cerca de nosotros, al parecer, las hembras se aproximan a la playa, donde el nivel del agua es más bajo en busca de refugio para evitar el apareamiento. Esta técnica es muy funcional, puesto que el macho necesita ponerse bajo la hembra boca arriba para copularla, así que en aguas bajas le es mucho más complicado.

La ciudad de Puerto Madryn es una población grande que en su centro todavía conserva su espíritu playero con un gran paseo marítimo, donde la gente a principios de primavera no se da un chapuzón por riesgo a convertirse en un cubito de hielo. Llena de restaurantes, cafeterías y agencias de avistamiento, buceo y excursiones marítimas, durante el día se percibe una bulliciosa actividad.

Como punto de partida documentativo, es muy recomendable visitar el Ecocentro, a pocos minutos del centro de la ciudad hacia el norte. En este museo interpretativo, puedes conocer con detalle el ecosistema donde nos encontramos, el efecto de las mareas en la zona, muy variables con diferencias de 6 a 14 metros, la fauna marina más importante y la más misteriosa de las profundidades, hasta puedes observar con todo detalle un acuario donde viven una decena de especies de caracoles de mar, anémonas, cangrejos, estrellas de mar, erizos de mar, etc. Además, puedes disfrutar de exposiciones temporales excelentes sobre el ecosistema nacional y proyecciones sobre la fauna muy interesantes.

ALREDEDORES DE PUERTO MADRYN

Para moverse con facilidad por los alrededores de Puerto Madryn es muy aconsejable alquilar un coche, de lo contrario te tocará pagar 3 o 4 excursiones por separado con 12 personas más para poder ver todo lo que nosotros vimos en 3 días de alquiler. Incluso habrá zonas como la de “El Doradillo” en el que será imposible llegar sin tu propio vehículo.

El primer día lo reservamos exclusivamente para visitar la península Valdés. Un parque nacional patrimonio de la humanidad que alberga todo tipo de fauna terrestre y marina, es sin duda el principal atractivo de la zona. Para entrar en el parque es aconsejable, llegar bien temprano para aprovechar el día, ya que las distancias dentro de la península son muy largas y se necesita mucho tiempo para desplazarse de un lugar a otro.

Puedes empezar comenzando por la costa noreste de Punta Norte donde se pueden avistar lobos de mar, pero nosotros no lo visitamos, dado que los lobos vienen en el verano argentino mientras que a comienzos de primavera se alimentan durante semanas mar a dentro. También es posible encontrar armadillos en el camino del norte. Prosiguiendo la ruta, el segundo lugar a visitar es Caleta Valdés, donde poco antes de llegar nos encontramos con un primer mirador en el que se avista una bonita colonia de pingüinos de Magallanes. El plato fuerte de la visita lo disfrutamos justo después ya en Caleta Valdés, donde paseamos a pocos metros de los elefantes marinos. A una distancia aproximada de 10 a 15 metros, existen unos miradores de madera a una altura prudencial, sin olvidar que el macho puede pesar unos 5000 kilos y tienen un instinto territorial muy fuerte. Nosotros los contemplamos en completa calma, muchos de ellos durmiendo la siesta, algunas madres amamantando sus crías y algunos otros rascándose esos redondeados cuerpazos con las uñas de sus aletas. Uno de los momentos más impresionantes fue cuando vimos a varios ejemplares desplazarse arrastrándose por la arena más velozmente de lo que esperábamos, dejando una evidencia clara de su inmensa fortaleza.

Poco después en Puerto Pirámides nos esperaba la mejor experiencia con la naturaleza que jamás antes hemos tenido, el avistamiento de ballenas al atardecer desde un bote. Un grupo de 11 personas nos embarcamos dentro de una pequeña embarcación haciendo de esta experiencia algo más respetuoso y emotivo que los otros grupos mas comunes de 40 o 50 personas en catamaranes más grandes, donde la gente solo busca una foto turística de su familia con las ballenas de fondo.
En nuestro bote, se respiraba el respeto y la emoción por ver a la ballena en su entorno natural. El capitán del barco, era un gran conocedor del ecosistema donde nos encontrábamos y nos explicó la situación de la ballena Franca Austral con todo lujo de detalles, haciendo de la visita algo más educativo e interesante.
El primer avistamiento fue de un gran ejemplar alimentándose en la superficie con su gran boca repleta de cerdas captando kilos y kilos de plancton, pudimos observar de muy cerca esta práctica por que se dirigió hacia el bote cuando lo hacía con su boca abierta de par a par mostrándonos toda su garganta. Lo interesante es que no tenia miedo alguno de nosotros, e intentamos mantener las distancias para mayor seguridad del animal y no perturbarle en sus actividades.
Poco después vimos a una madre y su ballenato nadando juntos, diferenciando sus dimensiones claramente y apreciándolos muy de cerca, algo muy hermoso.
Siguiendo por las aguas encontramos a una pareja copulando prácticamente en la superficie y sinceramente pudimos percibir la belleza de este momento, puesto que sus enormes cuerpos se contorneaban y entrelazaban dentro del agua dando grandes y suaves giros sobre si mismos en la superficie del agua. Este fue un gran momento, como decía el capitán: en el agua no hay donde agarrarse, así que los movimientos se convierten en una preciosa danza marina.
Algunos detalles importantes que quiero dar a conocer son por ejemplo, el problema con las gaviotas, una superpoblación, están alimentándose de carroña, pero a su vez, atacan a las ballenas, picoteándolas en un mismo punto, abriendo brecha en sus gruesas pieles para alimentarse de su grasa y exponiéndolas de este modo a una posible infección cutánea; la caza de este animal no se practica en esta región por que está prohibida, pero otros países como Japón sigue haciéndolo arriesgando su escasa población. Por suerte, la población se está repoblando aunque lentamente, y se procura protegerlas en la medida que lo posible.
Lo que culminó nuestra emotiva experiencia fue ver los famosos coletazos de ballena ya sumergidos en los cálidos colores de la puesta del sol, apreciando los reflejos del sol en su brillante piel con el atardecer rodeándonos por completo. Algunos ejemplares parecen comunicarse entre ellos utilizando el sonido de los aletazos en el agua. Es después de una vivencia de esta magnitud cuando uno se conciencia aún mas de la situación e incluso me doy cuenta que algo dentro de nosotros deberá cambiar sin falta para poder ayudar a preservar todo esta belleza natural y poderla disfrutar con nuestras próximas generaciones.

El Doradillo es una zona de playas más apartada de la ciudad, a unos 30 minutos hacia el norte atravesando un tramo de ripio como llaman aquí a la grava. Desde esta zona y concretamente desde una playa llamada “Playa de las Canteras” se puede observar en el momento de marea alta (esto es importante) a las ballenas muy cerca de la orilla, casi parece que corran peligro de quedarse baradas en la arena. Es una experiencia espectacular por la forma de avistamiento, cada uno está en su propio medio y ninguno molesta al otro, incluso da la sensación que les guste posar para los fotógrafos y curiosos.

Otra zona de avistaje de animales a 30 minutos también, pero esta vez hacia el sur, es el mirador de Punta Loma, desde donde se pueden ver Leones marinos. Nosotros no fuimos porque queríamos ver a los animales más de cerca que los 20 metros de distancia  que nos dijeron que habría de distancia y ya habíamos visto de más cerca a los elefantes marinos en Península Valdés, que no es lo mismo pero son también focas, para el que quiera la entrada cuesta 25 pesos.

Para los amantes de los simpáticos pingüinos no se pueden perder la reserva natural de Punta Tombo, la mayor pingüinera del mundo con al menos 500.000 ejemplares de pingüinos de Magallanes antes de la cría. Se encuentra a unas 2 horas de distancia desde Madryn si hay suerte y no os equivocáis y tomáis una “divertida” carretera de ripio como nosotros que tardamos 3 horas en hacer todo el recorrido. La buena noticia fue que conseguimos ver a un armadillo que muy inconscientemente se nos cruzó por el camino, por suerte no lo atropellamos y conseguimos ver la sorprendente habilidad que tiene para enterrarse y esconderse de los extraños.
La entrada a Punta Tombo cuesta 35 pesos y es importante asegurarse del horario de apertura antes de ir por que cambia según la época del año.
En la reserva pudimos hacer un recorrido de unas 2 horas tranquilamente por un sendero ya marcado entre miles de pingüinos que normalmente se encuentran en esta época del año preparando sus nidos para la cría. Tuvimos a los pingüinos a muy pocos centímetros de distancia, incluso alguno se nos cruzó muy gracioso por el camino sin ningún tipo de temor.
Desde la reserva también es sencillo ver algunos grupos de guanacos, que es un camélido típico de Argentina parecido a la famosa llama de los Andes.

Un poco más cerca de Madryn, como a 1 hora se encuentra Rawson, una población costera desde la que se organizan avistajes de Toninas, un tipo de delfín blanco y negro como las orcas pero más pequeño que el delfín común. Nosotros no fuimos pero según nos dijeron el precio es de unos 100 pesos y se pueden ver muy de cerca.

Y para finalizar un fantástico día de excursión la gente suele ir a Gaiman que se encuentra a 1 hora y media de Madryn, tomando un desvío en Trelew.
Gaiman es una antigua población Galesa, aunque parece que lo perdió todo con el paso de los años. Lo único que conserva son sus casas de té donde por un precio muy poco módico a mi parecer puedes tomar todo el té que quieras acompañado de ricas pastas y mermeladas caseras, con lo que es muy recomendable ir con el estómago bien vacío.
El precio que nosotros pagamos eso sí, disfrutando de un curioso lugar lleno de fotos antiguas y objetos que podrían estar sacados de un museo fue de 40 pesos por persona. Nos pareció muy excesivo porque al final las pastas te llenan mucho y no comes tanto. Para el goloso que no se quiera perder esto las casas de té suelen abrir de 3 hasta tarde alguna de ellas (nosotros llegamos a las 9pm, aunque solo encontramos una abierta).