Hemos recorrido durante 4 días unos 70 kilómetros por el famoso tramo “W” que se encuentra en el parque nacional Torres del Paine, cargando 1 mochila de 15 kilos cada uno. Es la forma más íntima de vivir la montañas y sus paisajes, caminando sus lomas, ascendiendo sus valles y descubriendo cada uno de sus mejores secretos escondidos en las cotas más altas.

Una vez llegamos a Puerto Natales, nos hospedamos en un hostel muy juvenil y acogedor, donde nos informaron del circuito “W” y pudimos alquilar el material de acampada que nos faltaba. Generalemente, todos los hostels del pueblo, alquilan material y te reservan los billetes de autobús al parque nacional.

Saliendo por la mañana bien temprano desde Puerto Natales en autobús hacia el parque, comenzamos el primer tramo de 2 horas desde la Hostería Las Torres hasta el Campamento Chileno, una subida bastante importante de los 200 metros a los 750, donde pronto te das cuenta que la cosa va en serio y que vas a quemar grasas de verdad. El desierto andino es lo primero que se divisa en este tramo y el monte Almirante Nieto, dejando a tus espaldas el lago Nordenskjold.

En el campamento Torres, nos fijamos que todos los refugios del parque son de pago y muy caros, al parecer todos los accesos son muy complicados y ellos justifican los precios altos por que el servicio a caballo de carga es muy caro y eso provoca el encarecimiento de sus comidas y servicios. Desde mi punto de vista, es simplemente que se aprovechan del visitante y sus pocas opciones, para haceros una idea, todas las rutas están pensadas para encontrarte primero un refugio y camping de pago y unas horas a pie más tarde una opción de camping gratuito altamente precario. Nosotros como somos tios/as de pelo en pecho, después de tomarnos un cafetito y descansar un poco, nos calzamos las chirucas de nuevo y anduvimos otro tramo de 2 horas más hasta el campamento Torres, una vez allí, desplegamos nuestra tienda de campaña y comimos algo mientras esperábamos a que mejorase un poco el día y aprovechar para avistar las torres.
Aquí ascendimos ya sin mochilas grandes como si flotásemos por una ladera de rocas, al principio pequeñas pero poco a poco se iban haciendo inmensas originadas en el nacimiento de las torres hace 12 millones de años por una inmensa roca de granito. Ya una vez a unos 900 metros de altura contemplamos afortunadamente con buena luz la Torre Sur, la Torre Norte y el Cerro Nido de Cóndor, que se erigían solemnemente ante nosotros y en el medio vimos una preciosa laguna helada de color completamente azul. Por desgracia el glaciar Torres estaba completamente tapado por la nieve y no pudimos apreciarlo bien.
Ya al final del descenso, pasamos la noche en el cámping para recuperar fuerzas, y cenar juntos con Alexis, el guardabosques de ese campamento, que fue muy amable y aprovechando la temporada baja, nos invito a pasar unas horas en su humilde cabaña al calor de una antigua cocina de leña. Ahí nos contó todo tipo de historias de aquellas montañas, algunos interesante secretillos del parque y compartimos muchas anécdotas de viajes.

A la mañana siguiente, nos despertamos a las 5:30 a.m., para intentar realizar el mismo ascenso y ver las torres al amanecer, pero las nubes nos lo impidieron, por lo que con mucha “tristeza”, nos tapamos y acurrucamos de nuevo en nuestros saquitos. Ya más tarde con más energía, recogimos todo el equipo y emprendimos el camino de vuelta de 4 horas hasta la Hostería Las Torres, tomando un atajo al final salvando 45 minutos y enlazando con un camino de 4 horas hacia el Refugio y Campamento los Cuernos. Este tramo fue relativamente plano, resiguiendo el lago Nordenskjold, y avistando los cerros a nuestra derecha. Todo ello cargando nuestros pesados “ajuares” alcanzando el refugio Los Cuernos después de 8 horas de camino, tomamos otro descanso y completamos aquel agotador día con un último ascenso de 2 horas y media que reservaba en sus últimos 30 minutos un regalo calificado como “La concha de su madre” por la fuerte pendiente que tenía. Después de la super pendiente, llegamos al Campamento Italiano, donde muertos del dolor y del hambre, acampamos y cenamos un sobrecito de arroz 3 delicias que nos supo a la absoluta gloria.

A la mañana siguiente, realizamos a paso ligero el camino por el valle Francés hasta el campamento Británico, un trekking realemente variado, donde cruzamos rocas, rios, bosques y avistamos el glaciar Francés que rugía constamente con sus ruidos intimidantes. Ya en el mirador, nos tumbamos en unas rocas orientadas a una majestuosa corona de cerros, puntas y cordilleras, donde parecía que el clima nos estaba esperando, ya que justo, se despejó el cielo por completo y pudimos ver los colores de las rocas, las montañas nevadas con fondos azules y hacer una siesta después de comer bajo un apacible sol.
La vuelta ya fue otro cantar, algo más duro, recogiendo la tienda de campaña y montando de nuevo las mochilas, arrancamos otra caminata ese mismo día de 2 horas hacia el Refugio Paine Grande, donde depués de superar tramos de vientos de hasta 77 km/h que tumbaron a Sara 2 veces al suelo y yo casi me comí la tierra con patatas (imaginaos un viento tan fuerte capaz de tumbar una persona de 90 kilos y su mochila de 15 Kilos). En este refugio tuvimos que pagar la tasa de acampada y nos dimos el lujo de tomar cerveza, zumo de frutas, patatas fritas, chocolate y todos aquellos placeres que llevábamos días sin poder catar, debido a un error de cálculo en nuestras provisiones.

Este cuarto y último día tuvimos que levantarnos a las 7 para salir bien temprano y hacer lo que sería el tramo más largo sin mochilas de toda la “W”. 22 Kilometros en total, para ir y volver del glaciar Grey. Un tramo en ascenso constante y fuertes descensos por acantilados para acceder al mirador del glaciar. Algo decepcionante, ya que las distancias eran muy lejanas y nos hicieron falta otras 3 horas para acceder al Campamento los Guardas para alcanzar la columna principal del glaciar. A pesar de ello, vimos una inmensa masa de hielo, que se propagaba hacia el horizonte y moría en las aguas del lago Grey. Este trayecto nos llevo 8 horas, alcanzando el refugio por la tarde a pocas horas de la salida en barco para volver a Puerto Natales.

Las comunicaciones en el parque son arduo complicadas y debes planificar muy bien tu ruta, de lo contrario te puedes quedar tirado 1 día en el parque. En temporada baja, disponemos de 1 autobús de Puerto Natales al Parque de regreso a primeras horas de la mañana; en temporada alta, se incrementa el servicio con otro autobús por la tarde. Todos ellos van emparejados con el servicio de barco desde Paine Grande a Pudeto, dependiendo del lado por donde hayas empezado la ruta.

Precios de referencia:

Autobús ida y vuelta - 15.000 pesos chilenos
Entrada al parque - 15.000 pesos chilenos
Barco de vuelta - 11.000 pesos chilenos
Camping Paine Grande - 3500 pesos chilenos
Alquiler cocina y cacharros, saco de dormir, manta térmica, tienda 2 personas - 5000 pesos chilenos diarios


Enlaces de interés:

Web oficial parque nacional Torres del Paine
Mapa del parque en PDF