Hemos recorrido unos 500 kilómetros en 4×4 durante 3 días desde San Pedro de Atacama en Chile hasta el salar más grande del mundo en Uyuni de 12000 kilómetros cuadrados en Bolivia. En esta fantástica expedición cruzamos por desiertos, lagunas altiplánicas, aguas termales, geisers y salares, siendo una aventura que nos llevo a alturas de hasta 4900 metros, llegando a ver los flamencos, las vicuñas y las llamas andinas.

El 4×4 donde íbamos era un viejo Toyota Landcruiser mucho más duro de lo que imaginé, pues los caminos recorridos eran pura piedra, arena o salar. Los miembros del grupo eran 12 en total, 6 en cada 4×4, en el nuestro éramos Rubén, el conductor/guía, Han y Martìn, dos chicos holandeses, Owen, un chico escocés, Claire, una amiga francesa que conocimos en Isla de Pascua, Sara y yo. La compañia es altamente recomendable por la calidad del servicio y el precio: Cordillera Traveller.

Durante el primer día salimos bien temprano con unos 4 litros de agua por persona, pues, en medio del desierto no hay mucha que digamos. La distancia a recorrer el primer día era cortita, de unos 80 kilómetros, pues la idea era que nos adaptásemos a una altura mayor de 3000 metros.
Las primeras paradas del camino fueron la laguna verde y la laguna blanca unidas entre ellas, se encontraban al pié del volcán Licancahúr.

Los menos tímidos nos dimos un chapuzón a 4900 metros de altura en unos baños termales que había cerca de una zona de geisers, situados en una llanura desértica con vistas a los Andes, nos bañamos en aguas de 30 a 36 grados de temperatura, un gustazo. La sensación al salir del agua fue algo extraña, a parte del frío, tu cuerpo era mucho más pesado, al parecer se trataba de un fenómeno relacionado con la presión atmosférica.

Siguiendo el trayecto nos aproximamos a la laguna Colorada, dejándola a visitar para la mañana siguiente pues estábamos todos algo agotados por falta de oxigeno.
Una vez en el primer refugio, nos atendieron muy bien unas chicas Paceñas que nos prepararon la cena y tuvimos la oportunidad de conversar todos los miembros del equipo. Algunos nos retiramos pronto, pues a pesar de masticar hojas de coca, el cansancio era superior.

A la mañana siguiente, nos levantamos con mucha energía y después del desayuno y de ver unas cuantas llamas que pastoreaban cerca del refugio, emprendimos una ruta de 300 kilómetros, el día más largo y duro del viaje.
El primer lugar que visitamos fue la famosa laguna Colorada, especial por su increíble coloración roja. Como si se tratase de un espejo perfecto, se reflejaban las montañas y las nubes teñidas de rojo. Vimos muy de cerca los flamencos alimentándose en la laguna y disfrutamos de su presencia procurando no perturbar su calma en aquel paraje mágico.

Poco después observamos de lejos volcán activo Ollague, las lagunas de Cañapa, Hedionda, Chiarcota y Honda, algunas de ellas especiales como la Hedionda que olía a azufre y la Celeste que poseía un color azulado intenso y se encontraba al pie del volcán Uturunco de 6008 metros de altura, la montaña más alta de la región que emanaba fumarolas de azufre.

Una vez habíamos comido y recuperado fuerzas, nos dirigimos al desierto de Siloli, donde nos detuvimos para contemplar una curiosa formación rocosa llamada Árbol de Piedra, de origen volcánico, medía 5 metros de altura, su base estaba compuesta de un material más sensible a la erosión dando esa forma tan peculiar.

Ya muy cansados, especialmente el conductor, realizamos el último tramo del día hasta alcanzar nuestro hotel de sal, ubicado en las afueras del salar de Uyuni. En este curioso hotel, íntegramente construido en sal, el suelo, las paredes, las camas y los muebles eran de sal. Aquí cenamos unas sabrosas sopas de verduras y unos filetes de llama para reponer fuerzas.

El tercer y último día, nos adentramos en la gran masa de salar de 12.000 km2 de Uyuni, siendo un instante realmente mágico, pues todos esperábamos ese momento. En cualquier punto al horizonte solo veíamos la inmensa superficie blanca.

La primera parada en el salar fue la Isla Incahuasi (isla del pescado), un surrealista lugar, pues era una peculiar isla en medio de un mar de sal, cubierta de cactos centenarios. En ella caminamos hasta su cumbre de unos 200 a 300 metros sobre el nivel del salar y nos deleitamos con las más extrañas vistas al infinito blanco, viendo algunos 4×4 de otras agencias de turismo a lo lejos como pequeñas hormiguitas moviéndose en la lejanía. En lo alto había un pequeño altar dedicado a la Pachamama (la madre tierra), donde es posible realizar un deseo a la tierra por el futuro y el bienestar. Yo dejé aquí una piedra luna blanca que mi hermana me regaló al principio de nuestra vuelta al mundo, así que pedí mi deseo y dejé un pedacito de mi en aquel fantástico lugar.

La segundo parada que hicimos fue el famoso hotel de sal ubicado en pleno corazón del Salar, construido con bloques de sal, tanto exterior como interior, paredes, suelo, camas, mesas, sillas, todo de sal con una hermosa vista al salar. Hace unos años dejo de funcionar como hotel, pero hoy en día se puede visitar como un museo.

La tercera parada del salar fue la población de Colchani, una cantera de sal, donde apreciamos el proceso de secado, molido y embolsado de la sal, listo para el consumo y los trabajadores procesando la sal para su comercialización. Este lugar es conocido como “puerto seco” y se encuentra en la frontera del desierto de sal, siendo la última parada antes de llegar a la población de Uyuni.

Ya en Uyuni, nos despedimos todos los integrantes del equipo y cada uno siguió su camino por vías diversas.

Precios de referencia:
Expedición al salar de Uyuni 3 días, con comida y alojamiento incluidos: 110 Dólares

Enlaces de interés:
http://es.wikipedia.org/wiki/Salar_de_Uyuni
Fotografía desde Google Maps