No podíamos visitar Chile sin echar un ojo a la famosa isla de Chiloé, un lugar que marca una personalidad única en el sur del país. Nuestro paso por la isla nos brindó la posibilidad de descubrir a los amigables y humildes chilotas mientras recorríamos hermosos paisajes verdes, a veces selváticos, entre playas inmensas acompañadas de imponentes acantilados. Conocimos las misteriosas leyendas mitológicas indígenas, la fuerte cultura pesquera que aún está presente en sus gentes y las hermosas iglesias de madera, todas ellas patrimonio de la humanidad.

Alquilamos un coche para varios días accediendo a la isla por ferry desde Pargua, cruzamos el canal de Chacao por la noche y llegamos a la tranquila población de Ancud donde nos instalamos en el Hostal Chiloé, muy agradable, regentado por una familia Chilota. Desde aquí partirían todas nuestras rutas en la isla.

Cabe mencionar que el trato en este Hostel fue maravilloso y lo queremos recomendar a todo el mundo que desee encontrarse como en casa, bien acogido sin necesidad de gastar ninguna fortuna. Gracias a sus dueños descubrimos algunas historias locales con mayor detalle como el famoso terremoto y maremoto del 1960 que azoto a la isla de forma muy agresiva, produciéndose una catástrofe impensable.

Muchas leyendas y mitología indígena Mapuche crecieron durante los años de conquista española. Las misiones que cristianizaban aquí, aceptaron iconos paganos como criaturas o seres fantásticos de la cultura indígena a modo de integración con la religión cristiana. Son muchas las imágenes de Jesucristo en algunas iglesias donde comparten espacio con otros seres pertenecientes a historias y leyendas de la cultura Chilota.

Nuestro paso por Ancud nos condujo al mercado de artesanía y comida, que se planta cada día en el interior de un bonito edificio de madera. Aquí se podía comprar quesos, marisco, embutidos bastante diferentes a los que estamos acostumbrados, pues en lo que refiere los frutos del mar en las aguas de Chile existe una riqueza y variedad de marisco y pescado mucho mayor a la española y con grata sorpresa fuimos descubriendo cosas como el Choro, la Chorla, el Loco y demás tipo de almejas gigantes, también la Centolla, que es mucho más grande que el Centollo, etc. Por otro lado también abundaban las artesanías de madera, figuritas de casas, animales autóctonos, y muchos tejidos de alpaca y lana de oveja, siendo muy variada la oferta de gorritos, jerseys, bufandas, guantes, y otro tipo de prendas.

También es interesante el dominio y la presencia de la madera en Chiloe, toda la arquitectura de la isla es fundamentalmente construida en madera. Un recurso muy abundante en época de crecimiento y que desde hace ya bastantes años tratan de cuidar debido al peligro de extinción de algunas especies de árboles. Sin embargo, la belleza de las casas, tanto en su exterior e interior es increíble. Una de las características más originales es la teja de madera de alerce chilota, adoptando formas diferentes, crea una superficie muy bonita de infinidad de formas en todas las fachadas de las casas.

Después de visitar el mercado de Ancud, fuimos al último reducto Español de la Isla que resistió antes de la independencia de Chile, el Fuerte San Miguel de Ahui. Aquí completamente solos, pudimos entrar en una gran plaza ubicada en el extremo norte de la isla. Dentro de la misma, la vegetación había dominado el entorno y todo parecida absorvido por los años en ella, paseando podíamos contemplar hermosos cañones de hierro que yacían en la tierra moribundos del 1847, completamente oxidados daban una idea de como serían aquellos momentos de lucha tratando de resistir algo que sería inevitable. También pudimos adentrarnos en algunas cámaras subterráneas, donde probablemente albergaban comida, soldados, munición o pólvora y nos sentimos como verdaderos exploradores, pues el lugar se encontraba en ruinas y la naturaleza era la dueña del lugar.

Poco después visitamos el Faro Corona, donde el amable farero nos invitó a entrar y conocer con detalle la historia del faro. Al parecer la antigüedad del mismo hacía imposible la reparación de algunas de sus piezas como es el caso de las lentes de un tamaño enorme, por lo que el cuidado y limpieza se llevaba con mucho cariño. La bombilla que contenía en su interior era de varios miles de Watts, iluminando el camino de los pescadores Chilotas a su regreso a la isla. La vida del farero es algo desconocida, nunca imaginamos la cantidad de conocimientos técnicos necesarios para mantener un faro, como mecánica, electrónica, navegación y climatología. Todos estos conocimientos son imprescindibles para llevar un buen control del faro y los usuarios que requieren de su ayuda.

Siguiendo con la ruta del día nos acercamos a las playas de Puñihuil, donde dejamos encargada nuestra comida mientras nos embarcamos en un bote para avistar algunos pingüinos de Magallanes y de Humbolt, Nutrias, Cormoranes, Lobos de Mar y Pelícanos. Cabe decir que no se trata de algo tan espectacular como Puerto Madryn y Punta Tombo en Argentina, pero por otro lado, el precio y la cantidad de pasajeros en el bote fue fantástica, pues eramos solo nosotros 2 con los tripulantes y a un precio realmente económico. El lugar además poseía un encanto especial, lleno de islotes, y con la posibilidad de ver nuevas especies para nosotros como eran la nutria, el pelícano y el pingüino de Humbolt. Al terminar la comida nos esperaba calentita en la mesa, en mi caso me zampé un marisco llamado Loco (el marisco más buscado y caro de Chile), que tenia un sabor y contundencia impresionante, mientras que Sara se comió un pescado delicioso cuyo nombre no puedo acodarme, todo ello acompañado de sus salsas y de unas vistas al pacífico muy relajantes.

Al atardecer fuimos a ver la ría más grande de Chiloe procedente del rio Chepu, disfrutando de un atardecer magnifico vimos las dunas del Pacífico y una playa kilométrica que mostraba unas olas muy largas y tranquilas en aquel momento. La playa estaba llena de restos de crustáceos como cangrejos gigantes y conchas de almejas de todo tipo.

Para finalizar la jornada regresamos al Faro Corona puesto que Juan Pablo, el farero, nos invito a visitar el faro por la noche y comprender el funcionamiento nocturno del mismo. Fue así cuando nos quedamos alucinados al ver la potencia lumínica de la bombilla y que su distancia de señalización era de aproximadamente 30 kilómetros. Allí pudimos ver todo el sistema en funcionamiento y sacamos algunas fotos recomendadas por él, pues es aficionado a la fotografía y se sabía los mejores ángulos. Por otro lado, para que valoréis las fotografías que hacemos, en una de las tomas tuve que subirme a un deposito de agua que estaba a unos 10 metros de altura, en plena noche y además, una vez llegabas arriba, había un agujero de 1 metro por 1 metro justo delante de 3 o 4 metros de profundidad, así que fue algo arriesgada la fotografía de turno. Luego para bajar la experiencia aún fue más emocionante, pues el suelo estaba húmedo y mis chirucas del 47 resbalaban al intentar dar los pasos de espalda que había que colocar en un hueco de 20 centímetros para bajar por la escalera de 10 metros. Espero que os guste la foto.

A la mañana siguiente fuimos a Dalcahue, el pueblo necesario para tomar un mini ferry que te lleva a la Isla de Quinchao. Una vez en Dalcahue empezamos lo que sería una jornada dedicada sobretodo a conocer las Iglesias de madera (todas ellas declaradas patrimonio de la humanidad) que construyeron las misiones Jesuíticas para evangelizar la comunidad indígena Mapuche.

La Iglesia de Dalcahue llamada Nuestra Señora de los Dolores, fue construida a fines del siglo XIX y fue para nosotros la primera visión de una iglesia construida íntegramente de madera, lo cual la hizo muy especial para nosotros. En su interior encontramos una pintura sobre madera que mostraba a Jesucristo acompañado de algunas imágenes paganas de la mitología chilota: el Trauco, la Huenchula, el Camahueto y el Caleuche. Sin duda algo muy interesante y que os recomiendo prosigáis la lectura en cada personaje mitológico.

Ya una vez en la isla de Quinchao, visitamos la Iglesia de Achao de Santa María de Loreto. Es la más antigua de las iglesias chilotas que permanecen en pie. Su nave fue construida alrededor de 1740. Como detalle más destacable cabe decir que al edificarla, no se empleó un solo clavo, todas las partes se ensamblaron mediante clavos de madera.

En relación al pueblo de Achao descubrimos muchas casas de madera increíblemente variadas y de colores muy vivos que daban una atmósfera muy alegre al lugar. Para aprovechar la visita en la islita, seguimos la carretera principal llegando al pueblo de Quinchao y al final de la isla en Chequian, donde encontramos por el camino un paisaje muy verde, prácticamente inglés y con una planta que predominaba en toda la isla al igual que Isla Grande: el Espinillo, de color amarillo intenso, tapizaba por completo el campo y desprendía un olor muy agradable.

Siguiendo el camino, tomamos el ferry de vuelta a Chiloé, para ir a Castro, la capital de la Isla. En ella se concentra la mayor actividad económica de la isla. La principal característica fueron los Palafitos, hermosas casitas de madera, construidas en el borde del canal, construidas encima de unas pilotas de madera que las resguardaba de las subidas y bajadas de marea, así como de la fuerte humedad. Estas construcciones tenían sentido al tratarse de una comunidad fundamentalmente pesquera y aprovechaban las terrazas al canal para realizar faenas pesqueras.

Como segundo atractivo realmente impresionante fue la Iglesia de San Francisco de Castro, construida en 1910. Los planos de la Iglesia fueron confeccionados por el arquitecto don Eduardo Provasoli, y su trabajo interior está realizado íntegramente de madera de alerce, ciprés, tenío, coíhue y otras llamadas en Chiloé “coloradas” que son de larga duración. El resultado era una obra de arte de ebanista, nunca vimos nada igual, para completar su extraordinaria peculiar belleza la fachada estaba recubierta y acabada con todo lujo de detalle en chapa metálica y pintada en colores cremosos.

Finalizando nuestro recorrido en la isla, nos dirigimos a Chonchi, para visitar la Iglesia de Chonchi, la última del día y donde los Jesuitas lo concibieron como “El fin de la Cristianidad” cerrando el circulo de evangelización en la Isla. La primera edificación fue en el 1769. Su mayor cualidad fueron los colores más vivos de todas las iglesias vistas ese día.

Volviendo a Ancud para cenar y despedirnos de la isla de Chiloé, no podíamos irnos sin antes haber catado la especialidad culinaria más famosa del lugar: el Curanto. Fuimos a un restaurante Los Artesanos, que nos recomendaron Ana Luisa y Rene, nuestros principales guias turísticos de la isla y dueños del Hostal Chiloé. Aquí pedimos el famoso plato basado en la receta original de Curanto al hoyo, pero nosotros lo comimos a la cazuela, dado que al hoyo requiere de más tiempo y es una lotería que puedas comer uno. A pesar de ese detalle, la receta era exquisita, de cantidad abundante contenía una base de carne y otra capa de mariscos. Muchos de ellos ni los conocíamos: Choro, Cholga, Almeja, Chorizo, Carne ahumada de pollo o cordero y dos masas de patatas, el chapalele y el milcao. Todo ello servido con pebre y consomé de marisco.

Precios de referencia:
Curanto 4900 pesos chilenos
Exploración en bote en Puñihuil: 4000 pesos chilenos
Ferry ida y vuelta a Quinchao: 4500 pesos chilenos
1 plato marisco o pescado, bebida y postre en Puñihuil: 5000 pesos chilenos
Ferry del continente a Chiloé: 9000 pesos chilenos

Enlaces de Interés:
Mitología chilota
Mitos de Cuthulhu en Chiloé