
Nuestra visita en San Francisco, fue breve, pues teníamos en mente regresar más adelante durante 5 días, por lo que aprovechamos para encargar mi nuevo bebé informático (un Macbook) desde donde estoy escribiendo ahora mismo, en la Apple Store de San Francisco. Aquí concluye una serie de catastróficas desdichas, donde 2 portátiles murieron por el camino, 1 en la selva amazónica y otro en Arizona. Ahora ya sabéis cuan larga ha sido la agonía de viajar con portátiles semi-lisiados que nos han provocado un retraso de casi 30 días en nuestro blog. Por suerte, y después de grandes esfuerzos, hemos logrado ponernos al día y en cuestión de días nos alcanzareis en las antípodas de España, es decir, Nueva Zelanda.
Por ahora, siguiendo nuestro camino por la costa californiana, el sueño de sentir la brisa del pacífico y el cálido sol en nuestras pieles se ha hecho realidad. Después de haber sufrido temperaturas de -23 grados centígrados, un agradable clima soleado de 25 a 28 graditos, nos permitió conducir por la Ruta 1 de la costa, con las ventanillas bajadas, y ponernos las camisetas de manga corta.
Fue un recorrido de 2 días, disfrutando de unas vistas increíbles, la carretera parece diseñada especialmente para conducirla con el descapotable más visto en EEUU, un Ford Mustang, donde cada 5 minutos te cruzabas con uno. Las curvas más bien puestas en un acantilado que podrías disfrutar en una costa están pavimentadas aquí. Olas de varios kilómetros, rocas gigantes que se oponían a la fuerza del mar y diversidad natural a raudales que transcurre delante de tus ojos.
Tuvimos la oportunidad de ver delfines que nadaban en grupos numerosos desde la costa, incluso nos sorprendió una reserva de cóndores que sobre volaron nuestras cabezas 10 veces más cerca que en todos los lugares que fuimos a buscarlos en sud-américa.
Una de las paradas que merece la pena recordar fue Monterrey, una población marítima que encontramos al principio a unas 4 o 5 horas de San Francisco hacia el sur. Esa población era realmente marítima, pues todas sus casas tenían un aspecto pesquero, algunas otras rebosaban demasiado dinero, pero en resumen la población era realmente agradable. La mejor actividad que nos recomendaron fue visitar el acuario de Monterrey, famoso por las piscinas gigantes de medusas que tienen en cautividad. El lugar no tiene desperdicio, nutrias marinas, acuarios gigantes con diversidad de peces locales, tiburones de tamaño reducido y sobre todo, lo más increíble, medusas de todo tipo y tamaños, brillantes y en cantidad nadando a pocos centímetros de grueso cristal. No hay palabras para describir la belleza de sus movimientos y como te quedas hipnotizado observando sus colores y formas al nadar.
Las maravillas se sucedieron sin cesar hasta llegar a la ruta interior de de la ruta 1, a unas 2 horas antes de llegar a las famosas playas de Malibú. En esta zona interior, lo que predominaron fueron los viñedos y las granjas, con ocasionales vistas de cultivos y tractores. Por desgracia, poco a poco, la ruta se tornó en un sabor agridulce acompañado de autopistas e industrias. Fue ya al atardecer cuando alcanzamos la costa de Malibu, cuando alucinamos por completo al ver las increíbles mansiones de playa que se levantaban a pocos metros de la arena. Nosotros llegamos demasiado tarde y el sol ya se estaba retirando, así que no tuvimos otro remedio que adentrarnos hacia Los Angeles y encaminar nuestros pasos hacia Venice, donde teníamos el Hostel. Algo que ya os contaré en otra historia más adelante.
Si tenéis una buena planificación, es recomendable, alcanzar Malibu antes de que se ponga el sol, para poder dar un paseo en sus playas y babear delante de las casitas modestas.
Precios:
Entrada estudiante: $27,95
Entrada adulto: $30
Enlaces de interés:
Web oficial del aquario de Monterrey







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