Lo malo de estar en la Big Island es eso, que es muy grande y si no cambias de hotel al menos un par de veces en diferentes puntos de la isla pierdes muchísimas horas conduciendo y mucho dinero en gasolina. Eso mismo nos pasó a nosotros y unido a que la zona oeste de la isla donde estábamos nosotros es la menos lluviosa hizo que visitáramos principalmente las costas occidentales.

Kona es la población más importante de la zona oeste y Hilo es la capital de la isla, pero está la zona más lluviosa. Dicen que también es un pueblo bonito, aunque nosotros no lo vimos. Como he dicho antes nos limitamos a mirar al cielo y ver dónde había menos nubes, así que nos quedamos cerca de Kona y Captain Cook. Tuvimos la suerte de que esa era también la costa más espectacular y donde mejor buceo había.

En la zona sur de Captain Cook se encuentra uno de los pocos vestigios de los antiguos hawaianos que quedan en las islas. Se trata de una antigua población de tipo feudal donde habitaba el señor junto a sus vasallos que más que un dueño veían a su señor como un protector. Ellos pescaban, cazaban y rezaban a los dioses en lo que ahora son unos pequeños altares de piedra y que antes fueron sus templos. El lugar se encuentra situado en una tranquila playa con una cala desde donde salían a pescar con sus barcos y rodeada de un par de reproducciones de sus antiguas cabañas. Todo el poblado queda resguardado con un muro de algunos metros de alto y bastante ancho dejando fuera de sus límites los templos, la zona sagrada y algunas estatuas de madera muy curiosas. Lo que le da más encanto a todo es, otra vez, la vida marina que abunda en las aguas y te permite ver algunas tortugas de mar comiendo en la orilla del agua e incluso es posible bucear con ellas y ver multitud de peces y pájaros tropicales.

La isla tiene muchas playas aunque también tiene mucha zona rocosa de acantilados como el Waipo Valley situado en el norte de la isla. En un principio llegas al final de la carretera desde donde se tienen unas vistas espectaculares del valle y donde nace un pequeño caminito que te lleva a una playa de arena blanca desde la que a veces se pueden ver focas reposando en la orilla o nadando por sus aguas.

Si lo que se quiere es ver una agradable playa tropical es mejor olvidarse de ir a la que se supone está nombrada como la mejor playa del mundo según Condé Nest Traveler que es cierto que podría serlo, por su seguridad, por su tamaño y sus servicios, pero ni mucho menos es la más bonita de todas. Nosotros fuimos a una playita de arena negra y blanca formada por roca volcánica y coral llamada Kahalu Beach Park. Lo único malo es que para acceder a esta playa, situada a las faldas de un antiguo río de lava, hay que entrar dentro de un resort. Este tema no es demasiado grave ya que las cabañas que están construidas con mucho gusto se encuentran escondidas detrás de algunas palmeras y el lugar, aún así, es realmente agradable y espectacular sobre todo durante el atardecer.