
Después de unas pocas horas más de conducción llegamos a la ciudad más apestosa de Nueva Zelanda: Rotorua. Sí, huele a huevo podrido porque está situada en el cráter de un antiguo volcán con mucha actividad volcánica aún en sus alrededores. Todo esto da un agradable olorcito a azufre a toda la zona, aunque la parte buena es que gracias a eso, Rotorua está rodeada de zonas termales, barros calientes, e incluso algún que otro géiser. Todo amenizado por una ciudad que es centro de la cultura Maorí en Nueva Zelanda. Aquí se pueden ver poblados tradicionales, danzas, música e incluso comer comida cocinada al estilo maorí. Y como toda ciudad que se precie en NZ tiene un sin fin de actividades de aventura-riesgo que ofrecer, desde paracaidismo (sky diving), ráfting, bunging y todo lo que acabe en -ing.
Con tanto por hacer decidimos quedarnos varios días en la zona. Y lo primero que hicimos para ir entrando en calor fue pasarnos por el fantástico museo de Rotorua situado en un antiguo balneario donde te explica toda la historia de Rotorua: empezando por los maoríes que llegaron a NZ antes de la llegada de los europeos, la vida en el balneario a principios de siglo e incluso la erupción del volcán Tarawera que en 1886 mató a 153 personas y hundió entre las aguas del lago Tarawera a las famosas terrazas de sílice llamadas Pink and White Terraces (consideradas como la 8ª maravilla del mundo de la época) de las que ahora solo quedan los recuerdos de algunas fotos en blanco y negro.
Al día siguiente nos propusimos visitar uno de los parques volcánicos más importantes de la zona: el Wai-o-tapu Thermal Wonderland donde se encuentra también el conocido Lady Knox Géiser que erupta todos los días a las 10.15 de la mañana. El recorrido por el parque continua con un pequeño paseo de una hora más o menos que rodea toda la zona pasando por lagos volcánicos con aguas verde fluorescente, blanca, amarilla e incluso naranja, cráteres humeantes, barros termales y muchas otras manifestaciones volcánicas que nos dejaron anonadados. Sin duda vale la pena visitarlo.
Uno no se puede ir de Nueva Zelanda sin haber visto su símbolo nacional que desgraciadamente se encuentra en peligro de extinción, así que dedicamos un día para hacer una visita al Kiwi Encounter que es un lugar donde se ayuda a la conservación de este bonito animal recogiendo todos los huevos que se encuentren en el campo para evitar que algún depredador introducido se lo coma, y cuidando al animal hasta alcanzar la edad adulta en la que ya no resulta tan vulnerable para entonces soltarlo de nuevo en la misma zona donde se encontró. Hay que tener en cuenta que es mejor ir por la mañana temprano para tener la posibilidad de ver a los cuidadores analizando a los huevos y alimentando a los pollos sino se corre el riesgo de quedarse con una simple explicación de lo que se hace en ese lugar. Nosotros fuimos los que caímos en la trampa y más que “encounter” fue “desencounter” pero por suerte justo en frente se encuentra el Rainbowsprings que es una especie de parque donde hay todo tipo de aves nativas, truchas enormes, reptiles prehistóricos como el tuatara y es posible ver al kiwi durante el día en una habitación ambientada como si fuera plena noche o lo que es mejor, volver al parque al anochecer para ver al kiwi en plena actividad nocturna directamente detrás de una pequeña barandilla. Es un ave fascinante, sin alas que se mueve por el suelo de forma ágil y olisquea como si fuera un perro. La verdad es que en la oscuridad se ve bien poco y parece cualquier cosa menos un ave. Como curiosidad el kiwi es el ave que pone los huevos más grandes en proporción a su cuerpo. Es como si una mujer tuviera un hijo que pesa 16 kg, una barbaridad.
En los alrededores de Rotorua hay diferentes poblados maoríes cada uno con una particularidad y que ofrecen diferentes espectáculos culturales a precios muy diversos. Hay que ir muy a tanto con los folletos publicitarios puesto que muchos engañan enseñando a bailarines musculados y tatuados cuando al final son gordos sin tatuar o con el cuerpo pintado y churretones de sudor con pintura. Nosotros visitamos el Te Puia que al final solo tiene un pequeño poblado compuesto de 4 casas muy bonitas pero sin la gente que aparecía en el folleto haciendo sus labores (otra publicidad engañosa más). La visita continuaba con una visita a otra casa nocturna de kiwis y un paseo por una zona volcánica con géiseres, barros y aguas termales para acabar en la escuela de escultura de madera tan típica de las culturas polinesias. Por unos dólares más se puede ver el espectáculo entero de danzas y cultura maorí que nosotros no pagamos y suerte, porque como ya he dicho antes los bailarines del folleto han comido muchas hamburguesas menos que los que danzaban delante de nosotros antes de empezar el espectáculo privado para los que habían pagado.
Nos podríamos haber pasado más de una semana en Rotorua y no habríamos acabado de hacer cosas diferentes, pero como todas son de pago y teníamos intención de seguir viendo el resto del país decidimos continuar el viaje hacia el sur siempre mirando al cielo. En el próximo capítulo os contaré la suerte que tuvimos…







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