Una de las experiencias más bonitas que hemos vivido en la Big Island es el contacto con los animales. Aun ser una isla bastante habitada aunque ni mucho menos como Oahu, Big Island sigue conservando grandes áreas naturales donde se pueden ver muchas especies de animales y acercarse como nunca a ellos sin molestar excesivamente.

La primera gran actividad fue ir a nadar con los delfines que libres nadaban por la costa hawaiana. Así que tomamos un barquito que te acercaba a un banco de delfines de Gray y tu te echabas al agua con el kit completo de buceo y tu cámara de fotos de agua para intentar unirte al grupo. Y así fue, enseguida te encontrabas buceando con un grupo de 50 delfines a varios metros debajo tuyo y a la que te despistabas estabas rodeado por 4 o 5 delfines que subían a la superficie a coger aire y muy rápidamente te adelantaban a pocos centímetros de ti. Tengo que decir que tuve a uno tan cerca que podría haber alargado el brazo y tocarlo, aunque no lo hice, pero me costó contenerme y fue precioso e increíble. El agua de Hawaii es tan clara y limpia que tienes una excelente visibilidad a muchos metros bajo el mar y pudimos hacer fotos fantásticas del gran momento.

Y como aliciente durante la navegación tuvimos la oportunidad de volver a ver ballenas ya que nos encontrábamos en plena temporada de cría de la Ballena Jorobada o Yubarta que bajan de Alaska durante el invierno, donde viven el resto del año, para criar y alimentar a sus crías en las cálidas aguas hawianas. Aunque no es necesario tomar un barco para verlas, con solo echar un ojo al horizonte desde cualquier punto de la isla era posible descubrir su particular soplido que deja el rastro de una nube o ver a alguna saltar a lo lejos.


Otro animal increíble que habita en las aguas hawaianas es la tortuga verde que tuvimos la oportunidad de ver en Ohau tomando el sol en la playa, pero no fue hasta llegar a Kealakekua Bay que pudimos nadar a pocos metros de ellas. Se suelen acercar a las playas a alimentarse de algas que hay en las rocas y podías verlas desde la playa o encontrarte por sorpresa con alguna camino al banquete mientras nadabas entre corales y peces de colores.

Pero la mayor experiencia que hemos tenido jamás con un animal tan grande fue la noche que fuimos a ver a una fantástica criatura que habita en las aguas de Hawaii y se alimenta de plancton durante la noche: la Manta Raya, que puede llegar a alcanzar hasta 8 metros de tamaño y que no tiene aguijón, tiene un cola muy pequeña, es muy tranquilita. La manta se limita a nadar muy relajadamente con la boca abierta para tragar el máximo plancton posible. La técnica es ir al anochecer hacia la zona donde ellas se alimentan con el kit de buceo, unas fuertes linternas y un gran aro flotante de 4 metros de diámetro donde un grupo de unas 12 personas nos agarramos para poder flotar sin tener que patalear y así evitar dañar al animal. Cuando anochece todo el mundo enciende las linternas y apunta al centro del aro para atraer al plancton con la luz y por consiguiente, si hay suerte, aparecen las mantas hambrientas en busca del festín. Nosotros tuvimos muchísima suerte y enseguida apareció al fondo una manta de unos 6 metros que rápidamente empezó a ascender hacia nosotros haciendo espirales para comer todo el plancton que atraíamos. Era muy bonita, con su lomo gris y la planza blanca con algunas manchas oscuras, parecía que bailaba para nosotros.

El momento clímax fue cuando en enorme bicho de 6 metros (vuelvo a repetir, de 6 largos metros) parecía que en vez de gambitas quería comerse a personitas y se acercaba tanto que prácticamente nos llegaba a rozar. Rápidamente teníamos que retirar el brazo, las piernas y esconder la barriga porque su piel es tan delicada que si se toca se puede dañar su salud. Era muy emocionante y divertido cuando veías esa enorme boca de 1 metro de ancho dirigirse hacia ti directo y no podías contener los nervios ni moverte un pelo, sólo podías flotar y esperar a que todo pasase, así que con el tuvo en la boca empezabas hacer lo único que podías hacer: gritar como un loco. Minutos después llegó una segunda manta de unos 7 metros y las dos empezaron a rodearnos en una bonita danza formando espirales. Fue realmente excepcional y la mayor subida de adrenalina que tuvimos en la isla. Y como no, tenemos algunas fotos que entre grito y grito hice con nuestra nueva cámara submarina.

Así que ya sabéis, si vais a Hawaii, no os perdáis a las mantas, son fantásticas y creo que es algo que sólo se puede ver ahí.