
El lugar ya ofrece cierta atmósfera misteriosa cuando cruzas el primer puente que te adentra en la península, bordeando una carretera muy cerca del mar. Se empiezan a ver algunas características especiales del lugar como las diferencias de mareas en las playas y los fuertes vientos de la zona que hacen del lugar un sitio capaz de albergar las cuatro estaciones del año en un mismo día.
El primer día fue lluvioso, y los vientos en el centro de los Albatros era tan fuerte que vimos como estas aves sobrevolaban la zona como si fueran los señores del cielo. Con una embergadura sorprendente flotaban en el aire con solo desplegar las alas. La única manera de ver con detalle estas increíbles aves es pagando la entrada en el “albatross center” una organización del DOC pensada para la protección y conservación de esta especie, el Royal Albatross. El albatros real es un ave migratoria que realiza rutas de miles de kilómetros y solo se detiene en un punto del hemisferio sur, concretamente en la peninsula de Otago. Al parecer empezaron a anidar aquí en el 1938 y hoy en día ya existe una colonia de unos 140 ejemplares. Nosotros tuvimos mucha suerte y pudimos ver a 2 crías o “chicks” como les llaman aquí, y vaya “chicks” eran auténticas bolas blancas gordas de plumas. Todo un proceso de alimentación y cuidado por parte de los padres es requerido por estas criaturas durante muchos meses.
Nosotros indagamos un poco más, y al parecer el DOC es un poco oportunista y no cabe decir que donde algo puede dar dinero, requiere paradójicamente una mayor conservación. Y es que no mucho más lejos, en la Sandfly Bay, anidan los pingüinos de ojo amarillo pero no cobran entrada pues existen otros lugares donde también se pueden ver de forma publica y privada en toda la costa este de la isla sur y eso no sería tan fructífero para conservarlo. Menuda hipocresía el DOC, yo ya los he bautizado DOC (department of capitalism)
Por otro lado, realizamos un pequeño tour en una playa privada para ver a los pingüinos de ojo amarillo, pues la ya mencionada Sandfly Beach está viéndose afectada por su carácter público. Al recibir tantos turistas en busca de vida salvaje, guías como Lonely Planet que escriben sobre ella con “buena intención” para ofrecer “wildlife” en estado puro al turista están provocando un turismo poco sostenible. Esa playa no tiene las instalaciones necesarias, para observar a los animales sin perturbarles, una tarea asignada lógicamente al DOC, pero como no da dinero, se les ocurrió construir un observatorio al otro lado de la playa, obligando al turista a cruzar la vía principal de los pingüinos entre sus nidos y el mar. Concluyendo, los intereses dan asc….
Ya haciendo el tour de los pingüinos, puedo decir que tuvimos mucha suerte, pues eramos 3, el guía y nosotros dos. La experiencia fue muy bonita, pudimos pasear entre sus nidos y observarles muy de cerca sin que ellos advirtieran nuestra presencia, fantástico. Se trata de una especie muy rara solo visible en este país y que es realmente tímida. Llegamos en la época en la que cambian de plumaje, una vez al año, se engordan como bolitas alcanzando los 8-9 kilos para resistir 1 mes y medio sin comer ni un bocado y cambiar por completo las plumas en sus nidos. Luego regresan al mar en busca de comida al recuperar una delgada linea de 4 kilos. Si es que parece mentira de lo que es capaz la naturaleza, ahora me atiborro para doblar mi peso a 160 kilos y luego me tiro en el sofá un mes y medio para no hacer nada (no se si podría soportarlo).
El detalle final fue muy especial, pues el centro tenía un pequeño “hospital” para pingüinos que necesitaban atención médica. Allí pudimos ver algunos ejemplares la mar de felices recuperándose de alguna dolencia e incluso a 3 o 4 dandose unos chapuzones en una piscina redonda que parecía más bien un yacuzzi, vamos que los tenían muy bien cuidados.
Algo que también merece la pena mencionar fue la experiencia que vivimos en un pub escocés, donde por primera vez nos diron una verdadera cálida bienvenida con todo tipo de cumplidos y deseos de buena suerte por parte del propietario del bar. Éste se emocionó cuando le mencionamos que la isla sur nos gustaba más que la norte, y que habíamos percibido el aire escocés de la ciudad y la zona. Todo un personaje muy pintoresco sacado del mismo bar e bucaneros y piratas de la isla del tesoro en el Bristol de siglo XIX.
Precios de interés:
Albatros center: 40 NZD
Playa de pinguinos de ojo amarillo: 35 NZD
Enlaces de interés:
Albatross center
Web sobre el pingüino de ojo amarillo







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