
Una de las primeras impresiones que nos llevamos es la presencia abundante de ciudadanía china, que acapara la mayor parte de la población, seguida de los locales singapureños, indios, malayos y otras muchas nacionalidades difíciles de reconocer por su facciones asiáticas semejantes.
A nuestra llegada, nos hospedamos en un hostel cercano a una estación de metro a 10 minutos del centro. Muy práctico, pues la zona céntrica, que son básicamenente zonas de negocios y barrios como Chinatown, Clark Quay y muchos centros comerciales, son bastante más caros.
En relación a la ciudad, respira bastante bien, no parece demasiado cargada, a pesar de sus 5 millones de habitantes, de todos modos, el metro y los autobuses son altamente eficientes y funcionales, pudiéndote mover cómodamente, sin embargo, en alguna ocasión tomamos algún taxi, pues eran muy baratos y a veces no teníamos ni idea de como llegar.
El primer barrio que visitamos fue Little India, como su nombre indica, “pequeña India”, no muy lejos del centro, tiene su propia parada de metro. Ya en el barrio, se recomienda un recorrido a pie por sus calles para deleitarse con sus mercados de telas, pagodas por todas partes, muchas de ellas abiertas al turista, tiendas de comida y mercadillos de todo tipo. Sus calles te trasladan a India sin haber estado nunca y te dejan bien claro que en la ciudad vive una numerosa comunidad hindú.
Como siempre, un barrio étnico tiene sus pros y sus contras, claramente, little India es un barrio interesante y con bonitos edificios coloniales de colores vivos y floridos por sus tenderetes que ponen a la venta collares y ofrendas florales para las oraciones de los hindús más creyentes. Por desgracia, se aprecia claramente aquellos detalles de suciedad y dejadez en las calles, que rompe o quizás completa la estética real de como es India. Por el momento, aún no he pisado la India de verdad pero algo me dice, que será en general sucio, por lo que no deberíamos decepcionarnos por ese detalle, sino más bien alegrarnos por su fiel reconstrucción.
Al día siguiente nos fuimos a visitar el barrio de China town, en esta ocasión, el color rojo fue el gran protagonista en las calles. Tiendas de todo tipo, vendiendo artesanías, souvenirs y hasta incluso antigüedades, en ocasiones autenticas y en otras meras falsificaciones para estafar al turista. En cualquier caso, una delicia de colores y movimiento mundano, lleno de gente ofreciendo sedas, abanicos chinos, comida, bebidas, o también numerosos olores procedentes de los puestos de comida ambulantes que alegraban las calles y daban sabor al paseo. Hay que ser realista de nuevo y aceptar que los chinos quizás poseen una cultura milenaria ancestral antiquísima y verdaderamente rica, pero una vez más, su falta de higiene les rebaja un poco en cuanto a su finura. Por lo general, hemos de hacer la vista gorda cuando oyes a un chino escupir por la calle o tragarse las mucosas por decirlo finamente, por no mencionar si visitas un cuarto de baño de cualquier restaurante o barraca china. A parte de eso, la comida sabe genial paradójicamente, ahí queda a juicio de cada uno, pero en mi humilde opinión prefiero mil veces comer comida china que comida Neo Zelandesa que básicamente es mediocre, por muy higiénica que pueda ser, como si le quieren meter Mistol al plato, yo prefiero un perro chino rebozado y con setas.
La otra parte interesante del barrio está en pasearlo de noche, cuando se encienden todos los fanales de papel rojo, dando una atmósfera a las calles de festividad veraniega, con todo el mundo paseando y comiendo en alguna terraza o carro ambulante.
Siguiendo con la visita a la ciudad, fuimos a parar al Zoo de Singapur, un lugar que a priori puede parecer muy previsible, sin embargo, este zoo esconde maravillas que lo convierten en un verdadero santuario de la vida animal. En primer lugar, quiero dejar bien claro que es el mejor Zoo en el que he estado, y básicamente por que en lo que más nos maravilló fue en que durante la visita olvidas que estás en un zoo, pues los animales en muchas ocasiones campan libremente por el mismo o habliitan sus espacios de forma muy libre. El zoo está literalmente ubicado en una reserva natural, dentro de una vegetación prácticamente selvática, las “jaulas” de los animales, son simplemente, parcelas de naturaleza discretamente valladas para evitar que los ejemplares escapen. De este modo, la visita se torna en una experiencia sencillamente magnífica.
Todo tipo de animales, tigres blancos, elefantes, leones, rinocerontes, zebras, hipopótamos pigmeos, mariposas gigantes, cocodrilos, serpientes, orangutanes, chimpancés, lemures, canguros, babuinos, tortugas gigantes, dragones de komodo y un largo etcétera. No tiene desperdicio, es como ir andando por la selva e irte encontrando a los animales que están alimentándose o descansando en algún lugar pensado estratégicamente para que el visitante pueda observarlo con todo lujo de detalle.
El clima nos acompañó durante la visita, un calor extremadamente húmedo y sol, pero por la tarde disfrutamos de una auténtica tormenta de verano. Ágilmente fuimos a comer a uno de los restaurantes del parque que tenía unas maravillosas terrazas donde apaciblemente comimos unos curris con arroz escuchando la refrescante tormenta a pocos metros de nosotros.
Por la noche, y al finalizar la experiencia del zoo, fuimos al Night Safari que estaba justo en frente del zoo. Allí completamos la jornada, dando un paseo nocturno por diversidad de parcelas donde habitaban zorros voladores, hienas, leopardos, ardillas voladoras, gatos pescadores, jirafas, ciervo ratón… curiosamente todos ellos estaban justo donde las luces de los focos tenues apuntaban en la noche. Llegamos incluso a pensar si a lo mejor tenían a los animalillos encadenados al suelo, justo para poder observarlos, fue realmente sorprendente.
Otra zona que visitamos en la ciudad fue el barrio Árabe, donde el principal nervio del lugar es la Arab Street y la Sultan mosque, una preciosa mezquita de principios de siglo XX que encabezaba la calle principal del barrio. Un lugar místico que nos trasladó a las maravillas de la cultura musulmana, sus bazares, alfombras por todas partes, palmeras que decoraban las calles y algunas tiendas de ofrecían repostería árabe, como delicias turcas o demás postres sabrosones.
Algo que nos llamó mucho la atención fue, en la Sultan Mosque, detalles como un reloj, indicando la hora de la Meca en Arabia, gente reposando en los bordes exteriores a las zonas de rezo o incluso grupos escolares que empezaban a ser instruidos en la religión musulmana. De nuevo la ciudad nos impresionó con su variedad cultural y lo perfectamente integradas que se encuentran sus gentes en un mismo espacio vital. Algo que me parece muy positivo y que en España deberíamos quizás mejorar un poco.
Otro lugar que visitamos fue el Clark Quay, una zona de fiesta y marcha, colocada al rededor del rio principal que cruza la ciudad. Es un centro comercial gigantesco, al aire libre lleno de restaurantes, tiendas y bares musicales, igualmente es bonito, ver que en este caso, los Singapureños les gusta disfrutar de la puesta del sol y el frescor de la noche, que es sin duda cuando más apetece pasear y tomar algo con los amigos, en ese momento, barrios como los de Clark Quay son ideales para darse unas vueltas y tomar unas cervecitas.
Para finalizar no olvidamos darnos un paseito por Sim Lim, un supermegacentro de electrónica y tecnología ideal para frikis como yo, donde la tecnología se vende buena, bonita y sobretodo barata, algo que debería suceder en casa, donde los chips salen algo más caros, y gente como nosotros necesitamos de ellos para vivir… pon un chip en tu vida. Allí puedes encontrar todo tipo de cachibaches electrónicos de última generación a buenos precios, incluso se puede regatear con el vendedor, aunque prefiero las tiendas que proclama “fix price” asegurando el precio mínimo, así evitas ser estafado.
Y como conclusión, mencionar que solo tuvimos 4 días para ver la ciudad, así que nos habría encantado tener más tiempo para ver mucho más, pues es un lugar fantástico, donde la comida, la gente y cada uno de sus barrios tienen mucho que contar. Perderse un poco por cada lugar es algo que merece la pena y probablemente regresaremos algún día para dedicarle el tiempo que se merece.

(3 votos, media: 9.33 de 10)




1 usuario ha comentado...
Suscribirse comentarios rss o deja un Trackbackhola jovenes, que tal estais, muchas gracias por llamarnos el otro dia Sara, nos dió mucha alegria, asímismo me alegra ver que de nuevo estais en el tajo y habeis colgado cosas nuevas, me ha encantado lo de singapur, la verdad es que nos haceis entrar en situación y nos sentimos rodeados del ambiente tal y como lo describis. Desde luego debe ser una pasada una ciudad tan cosmopolita, con contrastes de todo tipo. aprovecharé el puente para ponerme al corriente con todo lo que habeis puesto.
Por cierto, querida sara, a pesar de la distáncia, sabeis que os tenemos muy presentes y por ello, como no podia ser de otra forma, tu tia, que se acuerda de todo, me comenta que mañana cumples 29 años, por ello te deseamos todos que pases un muy feliz dia de aniversario.
Muchas felicidades, Muchos Besos y Mucha Suerte.
Deja un comentario