
La segunda novedad fue percibir la gran presencia militar debido a las manifestaciones de estudiantes acontecidas recientemente en el palacio presidencial. Conflictos políticos contra el actual gobierno con el objetivo de recuperar la antigua democracia, han causado estragos en el turismo de Bangkok últimamente. Nuestra llegada fue tardía, pues los tanques y los antidisturbios ya no abundaban por las calles, sin embargo, un buen número de policías a la sombra, aparentando estar alerta y algunos militares con sus fusiles nos alertaban el tener que andar con ojo antes de pisar suelo.
A nuestra llegada en la estación central de Bangkok, fuimos a preguntar al puesto de información turístico y nos aconsejaron evitar la zona del palacio presidencial. Nos garantizaron que el conflicto ya se había superado y que no teníamos por que temer de nada. Desprovistos de un mapa de la ciudad, puesto que ellos pretendían cobrarnos por el suyo, cogimos el primer taxi que nos llevó al hostel reservado por internet.
El taxista, no tuvo idea de donde estaba el lugar, primera experiencia con ellos, se trataba de un hostel oculto entre las callejuelas de un barrio de chavolas, provistas de un ring de thai-boxing callejero y demás carritos donde comer a la fresca cuando se retira el sol. Un barrio realmente pintoresco nos acogió con los brazos abiertos, ayudándonos a encontrar el escondido hostel en un laberinto de callejuelas de 2 metros de ancho.
Una vez en el hostel Phiman Waterview descubrimos lo que más temor nos causa cuando queremos reservar por internet. Las fotos del web eran una completa mentira y el lugar era un completo engañabobos, sin sabanas, colchón de apenas 1 centímetro de grosor y para colmo, nuestra reservada habitación doble (con cama matrimonial) se convirtió en “twin”, es decir dos camas individuales. Un lugar regentado por varios “iluminettis” como nos gusta llamarlos, gente que vive del cuento, en apariencia amigables y con intenciones “hippies” del tipo: lo mio es tuyo y demás… pero que en toda tu cara te cobran el doble de lo normal y encima no han cambiado las sabanas bajeras de tu cama en 4 meses. Por no hablar de los baños y las duchas, construidas posiblemente en la época de la ruta de la seda.
Después de ver el percal y decidir cambiar de hostel al día siguiente , salimos en busca de la embajada de la India, a informarnos de los visados y a la de China. En ambos casos, solo sirvió para conocer horarios, papeles necesarios y organizar la segunda visita. A nuestra vuelta al barrio, buscamos otro hostel más apropiado para nuestro gusto (Bamboo GuestHouse, muy bueno). En esta ocasión gestionado por una pareja de avanzada edad, con un concepto de limpieza más parecido al nuestro y un colchón de grosor mínimo que supero nuestra ISO personal, a mitad de precio y sin “iluminettis” listillos intentando robarte, un alivio.
Por la noche fuimos a cenar a un restaurante de calle, sencillo y barato, con platos verdaderamente ricos y variados. Incluso el propietario tenía el arte de saber fidelizar a sus clientes, pues su gracia y encanto nos sedujo para regresar en el futuro.
El mundo de la comida callejera en Bangkok es un echo que el turista tiene que asimilar, en ocasiones entra por la vista y en otras te puede causar nauseas, se trata de ir con ojo y elegir sabiamente tu lugar. No resulta difícil a medida que vas andando y descubres la gran variedad o como a mi me gusta llamarla: la feria de la carne, donde vapores humeantes de innumerables cocinas a carbón en la calle te inundan las fosas nasales hasta la tráquea, mareado y casi tosiendo a veces por las infinitas cargas de picante que requieren los sonrientes tailandeses.
De regreso a la comuna de estafadores, usamos su conexión wifi, para contar a nuestra familia que a las 8 de la tarde a plena noche, la temperatura se mantenía en 36 grados. Un caldo de mal agüero volaba por el aire y aún siendo de Barcelona, donde la humedad provoca a aveces quedarse pegado a una mesa, Bangkok supera con creces la sensación de calor, convirtiéndonos en meros aficionados de playa.
Al segundo día, ya en la embajada de China, pagamos el visado expres, para evitar la apropiación indebida durante 4 días de nuestros pasaportes. Un par de chinos en la puerta del edificio nos trajinaron literalmente el asunto, probablemente embolsándose gran parte de la suma que costó. Unos 3500 baht por persona, al día anterior unos guardias del lugar nos dijeron que costaba 2100, era lo que se llama precio ascendente, sube cada 5 minutos al preguntarlo.
Ese mismo día con el visado en mano y con menos bahts en el bolsillo, fuimos a visitar el gran barrio de Chinatown. Para llegar cogimos el metro, completamente nuevo y moderno, con controles policiales donde los turistas pasamos sin atención y los tailandeses abren sus mochilas y bolsas mostrando sus intimidades a diario. Ya en el destino, todo un mundo chino se abrió ante nuestros ojos, como siempre, lleno de gente ansiosa por vender y en esta ocasión, mercados estrechos con productos de todo tipo. Organizados por calles temáticas, ropa, bisutería, juguetes, chorradas y muchas historias, las vespas circulaban en callejuelas llenas de peatones y mesas de productos sin tocar ni rozar una sola parte de la moto. El sol desaparecía por completo por encima de los infinitos toldos desplegados de cada negocio que ocasionalmente te deleitaban con el frescor de sus aires acondicionados accionados a -40 grados bajo cero. Seguidamente un paso adelante, pasabas a los 40 grados, disfrutando de los que parecerían unas saunas romanas, frío, calor, más frío y más calor, y de vez en cuando un olor a refrito de cualquier cocinero ambulante con sus arroces, sopas, patos y fideos… Para completar todo este circo de sombras chinas enloquecidas, una gran variedad de pescados, moluscos y mariscos secados al sol revoloteados por moscas de mayo ofrecían un espectáculo dantesco ideal para finos de estómago. A pesar de todo este mundillo de cultura milenaria, el paseo mereció la pena, pues no es algo que se pueda ver por nuestras tierras de aceite y oliva.
Al día siguiente fuimos al “weekend market”, posiblemente el único mercado que he visitado donde es mejor comprar algo cuando lo encuentras por primera vez, puesto que no lo vas a volver a encontrar de lo gigantesco y laberíntico que es. A no ser que vayas lanzando migas de pan como Hansel y Gretel, para encontrar el camino de salida, vete olvidando de la vieja técnica, busca, compara y si encuentras algo mejor… no existen puntos de referencia, todas sus calles son estrechos pasillos arrebatados de cachibaches, ropas, lociones, comida, artesanias, tiendas de animales, bares, gente cargando hielo y frutas, y a veces, cruzas un lugar pensando que ya has estado una vida anterior.
Allí conocimos unos españoles que llevaban 9 meses viajando por toda Asia, Pablo y Pedro. Cansados ya del arroz y el noodle, nos contaron sus aventuras y desventuras por la lejana Asia, desde Indonesia hasta el norte de China, pasando por Filipinas, Tailanda, Malasia, Camboya, Laos y Vietnam. Su historia fue muy bienvenida, pues ellos nos recomendaron sobretodo los 3 nortes: norte de Tailandia, Laos y Vietnam por encima de todos los demás lugares. Así que, después de varias horas explicándonos anécdotas nos fuimos juntos a la calle más turística de la ciudad Khaosan.
Prácticamente como si estuviéramos en Lloret de Mar, multiplicado por 20, descubrimos Khaosan road, un lugar donde 200 tailandeses por metro cuadrado te abordan casi lanzándose a tu cuello vendiéndote de todo. Bebida, ropa y fiesta, dejando el concepto de “fiesta” muy amplio al observar las innumerables parejas de occidentales y tailandesas paseando por la calle. Es posible que el turismo sexual que nosotros entendemos, sea para ellas un medio de vida o un modo para escapar de una vida triste. Pues también observamos muchas parejas ya con hijos aparentemente con un futuro en común, pero es inevitable pensar, ¿de que modo se conocieron o comenzaron su relación?
Sin ser un problema para muchos, los falsificadores de documentos proliferaban por la calle, ofreciéndote un carnet de conducir, de prensa o incluso del FBI o de la universidad que te plastificaban y entregaban en 10 minutos. Sin olvidar la posibilidad de ver el Ping Pong show, algo sórdido que dejo a la imaginación de los más creativos.
Las agencias de viaje y los restaurantes seguidos uno tras otro, con competencia agresiva y estafa a raudales, pues los precios de todo lo comprable está altamente inflado y el regateo está a la orden del día. No hay nada que cueste su precio real, una camiseta que en realidad a un tailandés le cuesta 60 baht, a un turista se la venden a 200 o 300. Una cerveza que puede costar 40, te la ofrecen a 80 y así sucesivamente. La meca del timo y la explotación turística.
Por nuestra parte, fuimos a dar una visita de rigor pero jamás recomendaría a nadie, frecuentar esa calle a no ser que quiera fiesta con otros “guiris” o buscar “compañía”. Teniendo en cuenta, que la mencionada compañía no es muy bienvenida en los hoteles, pues algunas “thai-girls” son muy espaviladas y suelen robar todo lo posible que haya en la habitación del cliente.
Como curiosidad, encontramos un ring de thai-boxing, donde puedes pagar dinero para recibir leña. Ideal para aquellos que les gusta volver calentitos a casa y con los bolsillos vacios. Algo así como 500 bahts y te “entrenan” durante 30 minutos, 1000 bahts por 60 minutos, etc… cuanto más pagas, más te pegan.
Después de todas estas distracciones, al día siguiente nos centramos en ver un poco de cultura e historia de la ciudad. Así que tomamos un barco en el río Chaophraya, que ofrece una forma barata, rápida y libre de timos para moverse por la ciudad. Un sistema de barcos identificados con banderas de colores te advierten de las lineas que hacen cada uno. Con un poco de suerte y sorteando los vendedores de tours en “long tail boat” que merodean por todos los puertos, navegamos por el rio, parando en los diversos muelles hasta llegar al Golden Budha.
Un templo magnífico de mármol y piedra que alberga un espléndido Budha de oro macizo de 3 metros, la atmósfera mística innegable del lugar se tornó turbia en parte gracias al insoportable calor de aquel día. Pero a pesar de todo, un bonito paseo por el lugar que merece la pena ver.
De regreso al río, surcamos el agua de vuelta al norte para visitar el Wat Pho. El conjunto de templos que dan techo al Budha más grande del país, el Emerald Budha. Un majestuoso Budha dorado, de 46 metros de largo y 15 de alto recostado sobre su lado derecho, descansa en su interior. Los templos no tienen desperdicio y es imprescindible su visita.
Siguiendo el recorrido, nuestra pretensión de entrar en el Royal Grand Palace, se redujo a un suspiro, cuando un vigilante de la puerta nos anunció el atractivo precio de 350 bahts por persona y la necesidad de llevar manga y pantalón largo para entrar. A pleno sol del día rondando los 40 grados centígrados, decidimos que el palacio era muy bonito por fuera y lo dimos por visto.
Fue la última actividad del día, un largo y agradable paseo cruzando por el puente Rama VIII, hacia el oeste, con la concreta intención de descubrir algún barrio tailandés libre de turistas. Nuestra idea fue tomando forma al llegar a un parque donde la gente hacia footing y escuchaba música en la calle mientras se refrescaba en la sombra.
Adentrándonos en calles más espesas, fuimos a parar a un templo viejo y humilde, donde unos monjes cantaban y rezaban concentrados sin preocuparse por el tránsito del visitante. Unos chicos jugaban a una especie de volley llamado Tàkrâw donde las manos no pueden tocar una pelota del tamaño de un balón de fútbol sala trenzada y vacía por dentro, solo los pies y la cabeza están permitidos, librándose prácticamente una danza para mantener el balón en el aire.
Por el camino, descubrimos algunos canales y casas, gente con las bolsas de la compra y sobretodo, tristemente, suciedad y más suciedad. Las barracas estaban construidas por encima del agua, donde flotaban incontables restos de basura y alguna que otra rata se cruzó por el lugar. Aún así, las sorprendentes viviendas abiertas a la calle, ofreciéndonos con detalle las vidas de sus gentes a simple vista, fueron sin duda el atractivo del momento. Las miradas extrañas hacia nosotros y las sonrisas de complicidad al ver 2 turistas “perdidos” en su barrio que andaban buscando un poco más de autenticidad.
Al día siguiente fuimos a visitar un par de lugares que estaban retirados del circuito del día anterior: la Golden Mountain y el Metal Castle. El primero era un templo dorado situado justo encima de una pequeña montaña en medio de la ciudad y a la que tenías que subir a través de una escalera para llegar a la entrada del templo que te ofrecía un agradable viento fresco y unas buenas vistas de la ciudad.
El Metal Castle era un pequeño castillo de metal que se encontraba a pocos minutos de la Golden Mountain y que estaba cerrado cuando pasamos pero pudimos pasear por su jardín y hacer unas bonitas fotos del atardecer.
Para cerciorarse que uno se encuentra en una verdadera maraña de calles, ríos, canales, rascacielos, barracas y mercados, me gustaría explicar como es un día normal para un transeúnte de Bangkok. Nos levantamos por la mañana a una temperatura fresca gracias a que el sol todavía no ha salido con sus rayos abrasadores, los primeros tuk-tuk comienzan a desplegarse por cada rincón de la ciudad, motos-taxi con chalecos identificativos desplazan a lindas tailandesas con falda sentadas de lado en el puesto de pasajero casi como por arte de magia sin perder el equilibrio. Desayunas un malo conocido o bueno por conocer “continental breakfast” o más noodles y arroz, y te decantas por el primer transporte a tomar: un taxi, que te acerca a una estación de metro medianamente conocida pero lejos de ti, para ahorrar un dinerillo. El metro hasta una parada de Sky-train, pues el metro no cubre toda la zona, vuelas por encima de la ciudad a la altura de los edificios a unos 30 o 50 metros, llegas a una zona donde hay un canal, donde tomas un bote que se adentra en las entrañas de barracas y casas viejas hasta un punto, donde varios tuk-tuk te esperan para acercarte al lugar final de destino y con un poco de suerte habrás evitado tomar un autobús que con todas sus ventanas abiertas, trata de refrescar su sofocante calor de todo el tráfico humeante de cada calle en la que se encuentra.
BANGKOK DANGEROUS
TAXIS:
- Taxistas analfabetos que no saben hablar ni leer inglés, ni saben leer tailandés, ni entienden los mapas.
Resultado: te llevan hasta la esquina donde está el colega taxista que seguramente sabrá llegar al sitio y te hacen cambiar de taxi sin darte explicaciones como si intentases dar esquinazo al FBI, te pasean mientras intentan entender donde quieres llegar, te llevan hasta donde hay un tío que no se sabe qué hace en mitad de la calle y cómo el taxista sabe que habla inglés para que le expliques a él dónde quieres ir para así decírselo al taxista en tailandés.
- Taxis que se piensan que eres tonto y te dan mil vueltas para llegar a un lugar al que el día anterior llegaste en la mitad de tiempo y dinero.
- Taxis que se quieren quedar el cambio o no te quieren poner el cuenta-kilómetros.
Para evitar esto:
- Siempre pregunta a alguien de confianza (el camarero de la cafetería o el dueño de la guesthouse donde te alojas) cuanto dinero puede costarte ese tramo.
- Pídele a un tailandés que sepa inglés que te escriba en un papel el nombre del lugar en su idioma y la pronunciación en inglés para así podérselo decir tú al taxista en caso que no sepa leer.
- Dile al taxista con voz enérgica: “Chan-reap MAK-MAK!!” que viene a ser algo como: Rápido que tengo prisa!!!! Y así quizás evites que te de una vuelta de más.
- Mira siempre que ponga el cuenta-kilómetros en marcha, que a veces se “olvidan”.
- Si ves que se pasan del sitio le dices que se pare, te bajas y vas a patita que a veces es mucho más complicado y costoso que de la vuelta y te vuelva a dejar en la puerta.
- Si te das cuenta de que te han pegado una vuelta exagerada, empieza a incomodarle preguntándole (en el idioma que te de la gana, total no te va a entender pero sabrá lo que le estás diciendo) si queda mucho para que finalice la ronda y cuando llegues le sueltas muy enfadado que el día anterior lo mismo te costó la mitad y que no eres tonto mientras le pagas lo que tu creas y no lo que dice el cuenta-kilómetros.
- Lleva siempre un buen mapa de Bangkok con el lugar exacto de donde quieres ir y a ser posible una foto o referencia del lugar para saber cuando debes pararte porque el taxista posiblemente se lo pase aunque le hayas dado la dirección correcta.
TUK-TUK
Ese triciclo motorizado con toldo que siempre está dispuesto a llevarte bien baratito a cambio de un par de paraditas de promociones a para intentar venerte algo y a cambio se llevan una comisión.
Para evitar esto:
- Pacta un precio que no sea tan chollo (tipo 50 bahts y no 10 ni 20). Para distancias largas y más de 70 bahts es mejor pillar un taxi.
- Cuando el conductor del tuk-tuk te ofrezca muy sonriente el viaje a 10 o 20 bahts a cambio de un par de paradas de promociones le dices muy amablemente que prefieres pagarle lo pactado e ir directamente porque tienes muchas cosas por hacer y en 2 horas pillas un avión. Le sueltas un: quizás la próxima vez y una gran sonrisa de complicidad.
Intenta que te de el cambio siempre antes de darle el billete grande, no sea que se le traspapele algún billete.
MAESTROS DE ESCUELA:
Así se presentan, de una manera muy informal y hablándote en un inglés sospechosamente superior a la media.
Te abordan casualmente por la calle, entrando a un templo o comprando unas gafas de sol entablando conversación amistosa que generalmente comienza con un: Where are you from? (¿De dónde eres?) para acabar ofreciéndote algún tipo de ayuda turística que se presenta como una oportunidad única que no hay que dejar pasar.
Experiencia de un “profesor de Inglés de primaria”:
En este caso un profesor de inglés nos dijo a la salida de un templo que acababan de cerrar que teníamos mucha suerte porque justamente ese día había grandes celebraciones budistas en la ciudad (en las que podías ver thai-boxing, danza tailandesa y el museo de la ciudad completamente gratis) y se accedía a todo ello por medio de un paseo en “long tail boat” (una barca tipo góndola con motor) que sólo costaba 700 bahts por persona (por 300 tienes un bus de 9 horas que te lleva hasta Angkor, Camboya) y que sólo teníamos 20 minutos hasta que empezase todo para llegar al barco en un tuk-tuk que casualmente se encontraba al lado y que costaba justamente lo que él nos había dicho.
La verdad es que con tanta efusividad y como el muelle del barco estaba en un lugar que nos convenía picamos el anzuelo del tuk-tuk (no debemos olvidar que 700 bahts solo son unos 18 euros), pero cuando llegamos al supuesto muelle que más bien era una plataforma debajo de un puente donde había una familia tumbada en unas hamacas que tenían una barca pero ningún tipo de cartel oficial de muelle ni de “long tail boat” y confirmando nuestras sospechas de timo apareció una señora que no hablaba nada de inglés que pretendía llevarse 1400 bahts sin especificar claramente qué se incluía en el precio dejando en el olvido y la confusión todos los detalles explicados tan efusivamente por el “teacher”. Así que pensamos que mejor nos dábamos una vuelta a patita por la zona e invirtiendo ese dinero en pagar íntegramente las siguientes 6 noches de hotel.
Experiencia de un “profesor de Historia de Tailandia de instituto”:
Un amigable señor de unos 50 años de edad se nos presenta como “profe de insti” mientras nos mirábamos unas gafas de sol en una tiendecita en la calle más turística de la ciudad. Casualmente el hombre es de Chiang Mai, otro punto caliente de turismo en Tailandia y nos empieza a explicar las miles de cosas que se pueden hacer en su ciudad, explicándonos que hay una oficina turística oficial del gobierno que te informa de todo y donde se pueden comprar los billetes de tren a precio normal (no el de las agencias de viaje de Khaosan, la calle donde están todos los turistas alojados). Nos dice que él casualmente tiene que ir a comprar el billete de vuelta a su ciudad y nos propone acompañarle porque es difícil de explicar en el mapa dónde está el lugar.
Como llevábamos un poco de cabreo con las agencias de Khaosan que son como la basura del transporte turista donde no va ni un tailandés pensamos que por fin habíamos encontrado el lugar donde compran los tailandeses. Pero cuando llegamos a la “oficina de turismo” que resultó estar en otra calle principal cercana y súper fácil de llegar explicándolo con cualquier mapa vimos que era otra agencia más pero con unas letras bien grandes dentro que ponía “oficial” y que todos los empleados incluido nuestro “profesor de historia” se encargaron de que viéramos a la vez que nos daban la bienvenida con una gran sonrisa (todo esto para comprar unos billetes de tren y un poco de información del norte).
Fue muy divertido porque en la “oficina turística” sólo hablaba inglés un señor que primero le pasó un sobre a nuestro profesor (serán unos billetes de tren o más bien unos billetes verdes?) y luego el “profe de insti” nos dice que nos espera a fuera mientras hablamos con ese señor que más que un billete de tren nos intenta organizar las siguientes 2 semanas en Tailandia día a día, noche a noche y excursión a excursión por un módico precio de 400 euros (que debíamos pagar de golpe) o como él mismo se encarga de calcular sólo 20 eurillos por persona al día (“una ganga oyes”). Lo más divertido es cuando nos dice que no podemos quedarnos el papel donde describe a lápiz y mala letra “las próximos 8 días de nuestras vidas” día a día, precio a precio, tren a tren y hasta taxi a taxi argumentándonos que luego los turistas suelen ir con ese papel (súper oficial) a Khaosan para pedir descuentos y nos saca una postalita de unos supuestos clientes donde podemos leer en inglés lo contentos que estaban y lo bien que fue el viaje que ellos les organizaron.
Como era de esperar no compramos la idea y cuando salimos fuera vimos la carita de desilusión de nuestro “profe” cuando le dijimos que quizá compraríamos otro día (o nunca) y acto seguido nos fuimos a la estación de tren (donde también te encuentras a unas tías con un carné “oficial” de la empresa de trenes de Tailandia que bagan por la estación y a las que tienes que evitar si no quieres que te intenten timar de nuevo) para preguntar los precios del billete en la taquilla del tren que el otro nos quería vender a 150 bahts pero que en realidad cuestan entre 15 y 20 bahts. Horas más tarde y con la guía en la mano, hemos comparamos los precios de todos los servicios ofrecidos por la “agencia oficial” con los que constan en nuestra guía de viaje, ojo al dato:
Bus desde Bangkok a Sukothai que cuesta unos 200 Bahts de media, pretendía cobralo a 590 bahts + 150 bahts de combinación con un tren hasta Ayuthaya. Mmm, 1000 bahts de beneficio con los que me puedo pagar más de 10 platos de comida en restaurante, así que el listo pretendía sacarse el carro de la compra de todo el mes, para su familia y la del vecino… y esto era solo 1 de los 8 días de su plan malvado.
GUESTHOUSES U HOTELES
Normalmente nunca hay que fiarse de las fotos de alojamientos que aparecen en internet, pero menos si son de Tailandia. Después de alguna mala experiencia con la reserva anticipada por webs como Hostelbookers con bonitas fotos de los lugares que luego no reflejaban la realidad hemos decidido que no vamos a reservar ningún otro lugar sin haberlo visto primero en persona.
Otro problema con los alojamientos que hacen a la vez de agencia de viajes y compran por ti los billetes de tren o los tours es que nunca hay que fiarse de una opinión ni de un precio. Aunque el alojamiento esté súper bien no es motivo para fiarse ciegamente de esa persona y hay que buscar alternativas para saber si te están intentando estafar.
Nosotros viajamos a Angkor, Camboya con una chica que había comprado el billete de bus en su guesthouse y le habían dicho que era mejor comprar el billete sólo hasta la frontera y luego allí comprar otro que te llevase hasta Angkor porque había muchos problemas con los conductores en las fronteras. Así que la chica pagó 400 bahts para llegar sólo hasta la frontera con Camboya y luego tuvo que pagar 300 más para llegar en nuestro mismo bus hasta Angkor cuando nosotros habíamos pagado por el viaje íntegro sólo 380 bahts e incluso otras chicas que iban con nosotros sólo habían pagado 300. Moraleja: pregunta en todos los sitios almenos 3 veces y cuando encuentres el ofertón compra!
Precios de interés:
Habitación doble en guest house humilde y limpia: 250 bahts
Plato de comida normal: entre 40 y 60 bahts
Taxi con recorrido de 15 a 30 minutos: de 70 a 140 bahts
Tuk tuk para llevarte a un lugar no más lejos de 10 minutos: 40 o 50 bahts
Metro dependiendo de la zona: de 20 a 40 bahts
Skytrain dependiendo de la zona: de 20 a 60 bahts
Internet: a unos 2 bahts por minuto

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1 usuario ha comentado...
Suscribirse comentarios rss o deja un TrackbackHola amigos de HeViajado!!!
He revisado su página y me ha gustado mucho lo que cuentan de sus aventuras.
A pesar de que ustedes llegaron a la Bangkok por ferrocarril, habrá personas que después de leer su post estarán interesadas en conocer esta ciudad, pero llegar por otro medio, por eso me gustaría invitarles a visitar nuestro sitio web http://www.airportdesk.es es una página muy interesante, con consejos prácticos sobre las
instalaciones de los distintos aeropuertos, que tipo de servicios ofrecen a los pasajeros, y forma de transporte público disponibles.
Nos gustaría conocer su opinión sobre nuestra página y si estarían dispuestos a poner un link desde este post hacia nuestro link directo con
el aeropuerto de Bangkok (http://www.airportdesk.es/airports/asia/tailandia/aeropuerto-suvarnabhumi-de-bangkok.html) como una forma de ayudar a las personas que visitan su sitio con esta útil información adicional. Si es que les interesa se podría hacer lo mismo con las otras ciudades que han visitado, o planean visitar para que cada
una tenga su enlace directo con el aeropuerto correspondiente.
Esperamos tener noticias suyas pronto, y cualquier comentario o sugerencia son bienvenidos.
Saludos cordiales,
Diana Solorzano
http://www.airportdesk.es
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