
Fue así como una abuelita me embadurnó la frente con unos polvos de talco mentolados que utilizan en Tailandia para mantenerse libres del sudor y bien fresquitos. Incluso me iba mirando para ver si estaba bien con todo el calor que pegaba.
La gente se plantaba en el suelo con unos manteles y organizaba sus picnics familiares en medio de todo el bullicio. Mientras tanto, nosotros conocimos a una pareja mixta, un americano de Texas y una chica de Tailandia que vivían allí y que iban a pasar el fin de semana en la isla. Algo que hemos observado aquí en abundancia son muchísimas parejas como esta, fundamentalmente hombres occidentales viviendo y emparejados con chicas Tailandesas… ¿por que será?, chicas guapas sin un gramo de grasa, con poco poder adquisitivo, que de repente tienen la posibilidad de montarse en el dólar! “Cada bicho va buscando su armonía” como decía Kiko Veneno.
Durante el trayecto una mujer tailandesa, nos ofreció una oferta interesante en uno de los cientos de Resorts con bungalows que hay en la isla llamado, Haad Bay Overview Resort, que por 500 baht al día, tenias una cómoda cama doble, baño y ducha fria privada, ventilador, y además, acabados de lujo con piscina y súper vistas al mar. Ingenuamente aceptamos la oferta, pues nos pareció fantástico todo eso por menos de 10 euros al día. En cualquier caso, la comodidad de llegar a una isla, y que nos recogieran en pick-up, llevándonos directamente al hotel con todas las mochilas, es muy sugerente. Además, la chica hizo una llamada para hacer la reserva y nos dio un recibo bastante formal… todo podía ser un timo, pero no fue así, y al llegar al puerto, nos recogieron y llegamos en 15 minutos al hotel, apreciando las calles, los pueblos, las carreteras sin asfaltar y en ocasiones ese aire bananero que tanto nos gusta cuando estás en una isla.
El hotel increíble, prácticamente de lujo, todo de madera, y con mucho gusto, ideal turistas con poco dinero y morro fino (esos somos nosotros)… así que después de acomodarnos y descubrir que había agua caliente (completamente innecesaria con el calor que hacía), observamos que el truco reside en pedir siempre, habitación sin agua caliente y con ventilador, pues te ahorras hasta 300 baht por día, y luego posiblemente todas tienen agua caliente… Además, dormir con aire acondicionado es malísimo para la garganta. El ventilador cumplió con creces su cometido. No debemos olvidar la fantástica hamaca colgada en la terraza del bungalow donde podías mecerte y ver el mar y los atardeceres a diario. Una cascada de agua descendía sobre la piscina que teníamos justo al lado, vamos una pasada por ese precio, aunque sabemos que hace 3 años eran 5 euros, y que año tras año esto se acabará… pero que te quiten lo bailao.
La suerte fue coincidir con el fin de año Tailandés, que iba a celebrarse al día siguiente de nuestra llegada, algo que nos alegro muchísimo, porque siempre es muy difícil coincidir con estos eventos.
Antes de comenzar negociamos con un hombre que alquilaba motos el alucinante precio de 3 euros al día por una moto de marchas. Una moto que parecía más bien una cafetera, pues las marchas no entraban bien, pero por 3 euros, no podemos esperar una Ducatti. El caso es que era de cross, ideal para las carreteras sin asfaltar llenas de baches. Las subidas y bajadas eran tan exageradas que a veces levantamos la rueda de delante haciendo caballitos cuando bajaba a la segunda o primera marcha para que no se calara el juguetito.
Fuimos hacia el norte y visitamos una playa llamada Koh Ma que tenía una isla delante que era accesible a pié cuando bajaba la marea, así que nos pusimos las chanclas y accedimos por la arena blanca que se mostraba paradisiaca hacia la mencionada isla. La verdadera lástima fue descubrir el triste problema de basuras que hay en Tailandia, no había mucha basura, pero la poca que había era peligrosa, restos de anzuelos, latas y cristales de botella, entre otras cosas…
Era un lugar ideal para el snorkel, pero el acceso por una zona de rocas metidas dentro del agua nos despertó el lado perezoso y fuimos a tomar el sol en una zona donde las palmeras y otros árboles autóctonos nos daban un poco de sombra y hacía posible no abrasarse. El agua era super transparente y muy cálida, tan cálida que no tenías ninguna sensación de frío al entrar en ella. Los puestos de masaje y los chiringuitos bananeros con cañas y palmeras abundaban por todas partes, una playa paradisiaca como manda la ley.
Al volver nos tumbamos a reposar en el fantástico restaurante de nuestro hotel, donde tenían una zona lounge, que podías estirarte en unos cojines tailandeses ideales para relajarse. Eso si, los precios de las comidas aquí eran un poquito más caros, pero nada exagerado, por lo general podías comer por unos 100 baht (unos 2 euros). Los “shakes” de frutas naturales eran increíblemente buenos y frescos, los platos tenían una presentación muy bonita y todo estaba riquísimo. Ya veremos como andamos después de dos meses comiendo noodles y arroz.
El segundo día, era el fin de año Tailandés, el día más húmedo de nuestra vida, pues ellos lo celebran con la “water party”, tirando agua y polvos de talco a todo el mundo. El pueblecito se llamaba Ao Chaloklum, un verdadero pueblo de pescadores, donde vimos los barquitos como vendían la pesca del día, gambas y pescaditos sobretodo. En la playa muchos botes llegando y saliendo del lugar, algunos con pesca y otros con gente que se desplazaba de playa a playa con botes-taxi. En el interior del pueblo, la fiesta ya se percibía pues las abuelitas, los niños y demás gente, te paraban en la calle ya fueras a pie o en moto, para arrojarte un cubo de agua, una fiesta perfecta para el clima caluroso del momento. En ese instante, no éramos conscientes que íbamos a pasar todo el día mojados hasta volver a la cama.
Saliendo del pueblo, nos adentramos al interior de la isla para visitar el Chinese Temple y la Wat Paa Sang Tham, dos de los templos recomendados que se suelen ver. Por el camino vimos unos elefantes asiáticos cruzando la carretera, obviamente traídos por el hombre a no ser que naden en alta mar. Los templos fueron interesantes, pues se encuentran en medio de unas montañas que lo rodean completamente selváticas y el paisaje era realmente de apariencia remota. A todo esto podemos añadir que la experiencia de cruzar un pórtico gigante “Tori” chino, en moto, en medio de una zona selvática tiene bastante encanto místico.
Siguiendo el camino, alcanzamos la costa sur y fue aquí donde entramos en Thongsala, uno de los lugares más vivos y alegres que conocimos de la isla. Para empezar, encontramos una celebración tradicional llena de chicas de todas las edades vestidas con trajes tradicionales tailandeses. Al parecer, todos los años, visten las mejores galas y se elige a una ganadora, la que se supone luce más de todas. Sin embargo, es fantástico ver a niñas de 5 añitos o mujeres de 70 vistiendo todas hermosos trajes de colores y adornos brillantes que a pleno sol deslumbran a cualquiera. A parte de eso, el lugar estaba completamente decorado con motivos florales por todas partes, incluso los coches parecían carruajes antiguos cubiertos todos de flores.
Un poco más adentro en el pueblo, descubrimos la otra cara de la fiesta, una super-rave al aire libre. Altavoces a toda pastilla, gente bailando por todas partes, puestos de comida y bebida sin cesar, y litros de agua volando sobre nuestras cabezas.
Para culminar el día dimos una ruta hacia la playa Haad Rin Nai, también conocida como Sunset Beach, pero fue bastante decepcionante, pues la maquinaria turística está más desarrollada en Baan Haad Rin el pueblo donde llegan todos los barcos. Visto el lugar, dimos media vuelta y disfrutamos de una cena tranquila en un restaurante casero que tenía unas vistas alucinantes al atardecer en la playa.
El último día disfrutamos de la aventura que supone cruzar una isla con desniveles pronunciados y en carreteras de tierra, baches y rocas con nuestra “motillo de cross” de 125cc, haciendo caballitos y patinando sin cesar hasta llegar a la remota e increíble playa paradisiaca Ao Thong Nai Pan Yai. No es necesario extenderse en los detalles, aguas cristalinas, arena blanca y chiringuitos de esos en los que todos soñamos a veces con jubilarnos trabajando en ellos…
Lo último fue devolver la moto y organizar el barco y tren a Bangkok desde una agencia cercana al hotel. Al día siguiente abandonamos el lugar con un fabuloso recuerdo en nuestros corazones, un lugar donde la gente parece vivir felizmente en lo que podríamos calificar como “el paraiso del tirado”.

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