Una vez llegados a la primera población de Tailandia fronteriza con Malasia tuvimos que cambiar de tren para continuar hasta Surat Thani donde tomaríamos un ferry que nos llevaría hasta la isla de Ko Pang Ngan. Ese viaje de 8 horas en tren fue nuestra primera experiencia con las gentes de Tailandia.

Tuvimos que tomar un 3ª clase, porque eran los más baratos y en ese momento los únicos disponibles. Efectivamente íbamos a viajar con la gente del pueblo llano y ese viaje iba a ser de todo menos aburrido.

Nada más subir al tren tomamos asiento en uno de los dos bancos de madera dura repartidos a lado y lado del vagón y abrimos la ventana porque lógicamente no había ni aire acondicionado y ventiladores. Justo en frente nuestro se sentó una simpática y divertida tailandesa que chapurreaba algo de inglés llamada “Gift” y que había decidido tomarse unos días de vacaciones y huir de todas las movidas que Bangkok está viviendo estos días. Más tarde supimos que Gift ese era solo su nick y que su verdadero nombre es algo parecido a Natalie pero en tailandés.

El caso es que Gift hablaba más inglés de lo que entendía por lo que las conversaciones a veces llegaban a ser bastante surrealistas. Entre palabras en inglés y en tailandés nos enseñó las nociones más básicas de la lengua tailandesa: cómo dar las gracias “kup krum ha” (para las mujeres) y “kup krum krap” (para los hombres) y la frase que más está utilizando roger: ¿me permites que te haga una foto? “coo tai rup dai mai” Aun no lo sabíamos pero esta frase abre muchas puertas y casi ningún tailandés nos ha respondido un “dai mai” (no). Lo normal es que asientan con una amplia sonrisa y a veces carcajada de oír chapurrear a un guiri su idioma diciendo: “dai” (sí).

A medida que pasaban los minutos en el tren nos parecía que estábamos en medio de un mercadillo donde nos paraban de pasar por medio del pasillo gente que te vendía todo tipo de productos: desde productos de maquillaje, bisutería, frutas, pechugas de pollo rebozadas hasta cucarachas de medio palmo fritas para comer… mmm que rico! Lo mejor de todo fue cuando Gift nos explicó que hay gente que odia comer cucarachas porque la parte del culo desprende un olor un poco desagradable. ¡Que asco! Lo más divertido fue cuando Roger, haciendo uso de la frase que Gift nos había enseñado para pedir permiso de hacer una foto le preguntó a la señora por fotografiar a las cucarachas y la señora no sólo asintió orgullosa sino que montó un bonito bodegón girando todas las cucarachas hacia arriba de forma que enseñaban las patitas y poniendo una del derecho para que también se vieran las alas. Lo cierto es que posiblemente las cucarachas son el bicho que más asco me da, pero reconozco que esas, tan grandes y gorditas tenían pinta de ser muy nutritivas jejeje. Ahora me río pero en su momento flipé al descubrir el bowl de esos bichos al lado del pollo.

El viaje era largo y caluroso y los vendedores pasaban una y otra vez vendiendo sus cosas, hasta el punto que con la ayuda de Gift ya nos empezábamos a conocer todos. La señora/abuela que vendía frutas tenía dos hijos viviendo en Suecia e Italia y nos decía que quería irse a Suecia a echarse un novio sueco (con 80 años quizás jeje). La que vendía el pollo rebozado se reía cuando Gift le pidió que se pusiera la bandeja en la cabeza como solía hacer para que Roger le hiciera unas cuantas fotos. Y a parte de los vendedores, Roger tenía una abuela justo al lado que se propuso cebarlo a cacahuetes llenándole la mano cada vez que se descuidaba. Teníamos la sensación de que todo el mundo hablaba con todo el mundo incluidos nosotros aunque no los entendiéramos y que la gente era súper amigable. Suerte que Gift nos traduzco algunas cosillas…

Más tarde mientras estaba mirando el paisaje a través de la ventana oigo un tímido “hello” a mi espalda y resultó ser una chica tailandesa muuuuuy tímida que se había propuesto practicar su tiiiiiimido inglés conmigo. Y así estuvimos hablando un ratito con las típicas preguntas de “de dónde eres”, a “dónde vas” y “a qué te dedicas”. Hasta que por fin llegamos a Surat Thani y nos despedimos.

En Surat Thani ya era de noche y teníamos pensado tomar esa misma noche el ferry que nos llevaría a Ko Pha Ngan así que tomamos un taxi junto a Gift que se había propuesto ayudarnos lo máximo posible y nos acompañó hasta el puerto. Pero a la llegada resultó que el barco era un curioso bote de madera súper viejo, una tormenta asomaba a lo lejos en el mar y el tipo de la oficina que básicamente era una mesa de bar puesta delante del barco nos dió unos precios que eran el doble de caros de lo que te decía la Lonely. Así que decidimos esperar al día siguiente para salir con otra compañía y buscar un hotel en la ciudad. Y así fue, después de dar unas vueltas intentando encontrar un hotel decente decidimos guiarnos por los que había en la Lonely e ir a tiro fijo y efectivamente acertamos con uno situado justo en frente del mercado y de la agencia de viajes que te vendía los billetes de barco a las islas más baratos.

A la mañana siguiente después de ir a comprar los billetes, nos paseamos por los mercados junto a Gift comprando un poco de comida para llevar y fotografiando todo tipo de gente, objetos y animales que había por la zona.

Finalmente Gift nos acompañó al bus que te llevaba al ferry y después de pedirle sus datos para poder llamarla cuando estemos en Bangkok nos despedimos de ella desde la ventana del autobús con un “See you in Bangkok!”.