En medio de la zona más bombardeada por los americanos durante la guerra secreta con Laos (1961-1973) y después de atravesar preciosos y enormes campos de arroz con terrazas ondulantes se encuentra Phonsavan. La capital de una provincia donde toda casa que se precie tiene una gran bomba (de las que caen del cielo) en el jardín (como mínimo). Los americanos castigaron a esta zona con una bomba cada 8 minutos durante 10 años. Casi nada… El resultado de todo esto, a parte de lo curioso que pueda ser ver un granero con las columnas echas de bomba, o una jardinera, etc… es una zona que aun hoy está plagada de bombas grandes y pequeñas ya ocultas bajo tierra por el paso de los años pero aun sin estallar, por lo que es un gran peligro para campesinos y niños que se abren paso por la selva o juegan fuera de los caminos ya limpios y revisados por MAG (Mines Advisory Group).

Después de llegar a nuestra guesthouse y después de que un turista americano de unos 50 años se me acercase muy divertido con un percutor de una gran bomba en las manos fingiendo que me la quería tirar y diciendo que parecía una piña, nos dimos cuenta de que teníamos un mini museo en el jardín con todo tipo de material bélico como grandes bombas, granadas de mano, bombas de mortero, casquillos, cascos americanos, cargadores, fusiles de asalto, munición. Y como no, cuando nos entregaron las llaves de la habitación comprobamos que el llavero era un casquillo de una bala de 30 mm ideales para perforar muros de cemento.

Antes de llegar a la zona imaginábamos que en algún caso veríamos alguna bomba, pero una vez que salimos a pasear por la ciudad, descubrimos que cafeterías, agencias de turismo, casas particulares, restaurantes y negocios que nada tenían que ver con nada turístico tenían todo tipo de bombas y demás material bélico en exposición, como parte de la construcción de la casa o simplemente tirados por el jardín. Todo ello recogido del campo por el propietario, su padre o abuelo como recuerdo o como colección particular de aquellos años.

La primera visita importante fue el centro de la Asociación de Desarme de Bombas, MAG. Es una asociación internacional de gente experta en desactivar y desarmar bombas que se dirige a los países con esos problemas para formar grupos autóctonos de gente para poder limpiar su propio país. Según el chico que nos informó la asociación se encarga de rastrear metro a metro las tierras de Laos y hacer explotar las bombas que encuentra para luego enviar el hierro para fundir a la capital, Vientiane y poder utilizarlo en cualquier cosa útil. Parece ser que aún queda mucho que limpiar en la provincia y en todo Laos (quedan almenos 150 años hasta que Laos pueda estar limpio de bombas, actualmente solo han limpiado el 1%) y todos los caminos están señalizados con color blanco en su zona limpia de bombas y color rojo en la zona que no debemos sobrepasar porque no ha sido rastreada. En el resto de caminos de la región que no están señalizados simplemente hay que seguir por el camino y no pisar fuera de la zona desgastada.

Una vez nos informamos del estado de los caminos y de las bombas nos dirigimos a la otra gran atracción a la que van los turistas a Phonsavan y que no tiene nada que ver con las bombas: las nombradas Patrimonio de la Humanidad, Plain of Jars (Planicie de las Jarras). Se trata de cientos de jarras de piedra de origen desconocido, aunque se cree que tienen unos 2000 años, repartidas a lo largo de muchos kms cuadrados por toda la zona y reunidas en grupos de cientos y decenas en diversos centros arqueológicos. La mayoría de estas jarras que están asombrosamente bien conservadas pesan entre 600kg y 1 tonelada. Nosotros visitamos uno de los 5 centros arqueológicos de la zona y paseamos por sus caminos señalizados con una piedra medio blanca y medio roja que indicaba el límite que había sido limpiado de bombas y el que no debíamos sobrepasar mientras a lo lejos se oían algunas explosiones muy fuertes con un fuerte sonido metálico que indicaba que no muy lejos alguien del MAG había hecho explotar algunas bombas.

Hartos de jarras decidimos ir a visitar algunos de los pueblecitos de la zona y descubrir las miles de aplicaciones que se podían hacer de una bomba. Estuvimos en pueblecitos donde las bombas habían sido utilizadas de columnas en graneros, jardineras, incluso de vallas de jardín. LLegamos a una zona llena de cráteres de varios metros de profundidad hechos por las bombas durante la guerra y ahora llenos de vegetación en medio de una zona de pastos de vaca.
Para acabar la excursión por los pueblos nos metimos en un pequeño comercio-casa polvoriento con toda la familia viendo la tele precedido con algunas bombas, una utilizada de macetero y con mucha más munición en su interior. Como sorpresa descubrimos en medio de la mesa central lo que parecía un pequeño gatito pero con manchas como un pequeño guepardo. El gatito en cuestión hacía un maullido más que de gatito, de tigrecito, era sin duda una pequeña fiera salvaje que de mayor echaría para atrás a más de uno y que seguramente se habrían encontrado por los bosques o habrían matado a su mamá, quien sabe. Creemos que es un gato salvaje laosiano o algo parecido a un ocelote.

El final del día lo dedicamos a ir a descubrir y encontrar uno de los 2 antiguos tanques rusos abandonados por la zona. Fue entonces cuando descubrimos que nunca te puedes fiar de lo que te diga un laosiano cuando le preguntas si vas en la dirección correcta. Siempre te dirá que sí. El resultado fueron 2 horas de moto por unos caminos de tierra llenos de baches cuando el tanque en cuestión estaba a tan solo 200m de la carretera asfaltada. Por suerte y después de decidir que los amables campesinos nos estaban tomando el pelo y siempre que preguntásemos si íbamos bien nos iban a decir que sí, aunque no tuvieran ni idea, descubrimos el tanque en cuestión detrás de una valla de bambú en el campo que había justo al lado de una casa. El tanque estaba ya parcialmente destruido pero se podía ver aún la mayor parte de él, incluyendo el cañón, bien cubierto de una capa de óxido.

Al día siguiente dejamos atrás Phonsavan para aventurarnos a las alturas de las montañas del norte dirigiéndonos camino a la antigua capital del país que se encuentra en una de las zonas con el clima y las carreteras más hostiles que vimos en Laos.