Algo duro de verdad fue el recorrido por las montañas del noreste desde Nam Noen hasta Sam Neua. Una carretera de curvas infinitas recorriendo unos 100 kilómetros de montañas incesantes nos retaban a cada minuto con subidas y bajadas, sin quitamiedos, lloviendo con un frío sorprendente pues la temperatura bajo de repente y con una humedad tan fuerte que fuimos sorprendidos en nuestros descansos con sanguijuelas de 5 centímetros de largo.

Durante el camino, vimos paisajes alucinantes, pero fue uno de los tramos más difíciles y cansados del viaje, pues un scooter de 100cc no es lo mejor para subir y bajar cuestas de 30º que duran 20 minutos.

Llegando completamente molidos a Sam Neua, decidimos pasar la noche allí para al día siguiente organizar nuestra visita a Vieng Xai y pasar otra noche en Sam Neua.
Sam neua en si mismo es lo más feo que podamos imaginar, una aldea que se ha convertido en “ciudad” porque a algunos chinos arquitectos se les ocurrió montar algunas casas horrendas que hoy en día son negocios de calle-viviendas a la vez y en ocasiones hoteles para turistas. Nada que ver, todo cutre, gris y triste, a excepción de Vieng Xai, ubicada a 30 kilómetros en sentido a Vietnam, allí fuimos a pasar un día verdaderamente interesante. Alcanzamos la antigua capital de Laos antes de la segunda guerra de indochina, un lugar más bien pobre y sin mucho interés a parte de sus increíbles cuevas donde más de 3000 personas se ocultaron durante 10 años en los bombardeos americanos, incluyendo el presidente Kaysone’s y toda la cámara de gobierno, sus guardia, familia y médicos, por no hablar de los 2000 soldados que resistieron a los bombardeos americanos con cañones anti-aéreos montados en las bocas de las cuevas para derribar a los aviones yankees.

Todo un museo que ha perdurado en el paso del tiempo y que hoy puede visitarse , adentrándote en las cuevas, descubriendo los dormitorios, las enfermerías, las salas anti-gas de emergencia con filtros manuales para generar oxigeno limpio. Incluso tenían una sala de conciertos donde los soldados podían animarse un poco viendo bailar a las laosianas las danzas tradicionales y alegrar a la tropa.

Todo la zona posee decenas de cuevas, pero solo visitamos 5, el caso es que si vas en moto o bicicleta puedes visitar más, a pié solo da tiempo a 3 cuevas. Lo más divertido fue que nos encontramos con unos turistas que querían visitar a pie todas las cuevas, pero para trasladarse entre cueva y cueva se perdía mucho tiempo. La visita es obligatorio hacerla con un guía, así que el único que había nos invito a realizar el recorrido en moto, aprovechando que nosotros teníamos moto. Sin embargo un neozelandés que había en el grupo no le gustó la idea porque según él, había quedado a dormirse una noche para terminar de ver todas las cuevas ese segundo día, pretendiendo hacernos ir a todos juntos en un mismo grupo caminando. Nuestra respuesta fue: nosotros tenemos un solo día para verlas todas así que… no gracias, nos vamos en moto. Su respuesta fue muy interesante: - habéis creado un problema ; mi contestación fue: no es mi problema que tu no tengas moto y nosotros si, así que… te joood… igualmente, otro guía estaba al llegar para hacer de guía “a pié” para el otro grupo sin moto. En resumidas cuentas, fue el típico tío al que le darías dos “ostias” bien dadas.

A parte de esta estúpida experiencia, el resto fue genial, a parte de un día semi-apocalíptico con lluvias y neblina, evitándolo por fortuna dentro de las cuevas ;)

Precios de Interés:
Entrada a las cuevas con guía - 30.000 Kip