Nong Khiaw y Muang Ngoi Neua son dos poblaciones que se encuentran al norte de Laos en la orilla del río Nam Ou. La primera población está mucho mejor comunicada y se encuentra en la carretera principal dentro de la ruta norte. La segunda está mucho más aislada sólo se puede acceder en bote a través del río y ni siquiera ha llegado la electricidad. En general son dos poblaciones situadas en un bonito lugar que invita a la relajación en una hamaca de uno de los múltiples bungalows que hay a la orilla del río.

El camino para llegar a Nong Khiaw desde Sam Neua fue espectacular por los tramos de pura selva que tuvimos que atravesar siguiendo la carretera principal. Parecía que en cualquier momento nos íbamos a encontrar un tigre en medio del camino. Por suerte o por desgracia no apareció, así que tranquilamente disfrutamos de un camino lleno de espesa vegetación con lianas que colgaban desde las copas de los árboles y caían sobre nuestras cabezas en medio de la carretera.

Por desgracia la carretera no está todo lo bien que podría y al final de nuestro camino hacia Nong Khiaw los baches, agujeros y caminos sin asfaltar llenos de grava hacía que nuestra peripecia en moto fuera algo así como hacer un Londres-Mongolia en Vespa. Por suerte fueron sólo unos 70kms que pudimos sortear en 2 horas y media…

A la llegada a Nong Khiaw disfrutamos de un pequeño bungalow al lado del río leyendo un poco durante el atardecer en la hamaca y al día siguiente tomamos el bote que nos llevaría a Muang Ngoi Neau, un pueblecito mucho menos desarrollado, sin electricidad, con calles sin asfaltar llenas de barro y gente viviendo en casas de madera más parecidas a chabolas que a casas. Pero aun así el turismo había llegado y nada más llegar nos ofrecieron un agradable bungalow con su necesaria hamaca y mirando al río. Un par de agencias te ofrecían algunos trekkings a una cascada y a través de la selva quedándose a dormir en una villa, pero una vez más, subidísimos de precio así que no valía la pena.

Por suerte y por casualidad esa tarde conocimos a un agradable grupo de chicos y chicas de muchas partes del mundo y estuvimos con ellos cenando, charlando a orillas del río y al día siguiente hicimos el trekking que se iniciaba desde el pueblo y pasaba por una bonita cueva llamada Tham Kang en la que entraba río de agua y que luego teníamos que atravesar mojándonos las piernas si queríamos continuar. Hay que ir con cuidado porque los alrededores de la cueva están llenos de sanguijuelas que se te pegan en las piernas desde cualquier hoja que roces al pasar. Por suerte si te muerden, la mayoría de veces ni te enteras y sólo te encuentras sangrando con más o menos abundancia sin saber exactamente por qué. Nosotros nos encontramos algunas subiendo por el pantalón o algunas heridas hechas, pero creo que si te encuentras a alguna enganchada hay que quemarla con un cigarrillo o esperar a que ella sola acabe la faena y se marche. ;P

Una vez superado el trago de las sanguijuelas el camino pasa de atravesar riachuelos que nacen de las montañas que te rodean para llegar a unos extensos y bonitos campos de arroz que hay que atravesar resiguiendo las terrazas por encima de la zona inundada hasta llegar a una bonita villa de calles de barro llamada Ban Na llena de casitas de madera con tejados de hojas de palmera entrelazadas. La gente estaba ocupada haciendo sus tareas tales como tejer, hacer envases de mimbre o cuidar de los animales y los niños. Para los más pequeños este gran grupo de “falang” que es como llaman en Laos a los extranjeros, era la atracción del día y nos seguía por todas partes pidiéndonos que les hiciéramos fotos con nuestras cámaras digitales para luego enseñárselas.

Lo bueno del pueblecito es que justo en la entrada había un agradable restaurante (del tipo de caña y tejado de palmera, claro está) con vistas a las terrazas de arroz y que para los interesados también ofrece alojamiento. Hay gente a la que le gusta ir allí a relajarse y pasar algunos días. Pero nosotros, pasada una gran tormenta de las monzónicas con vientos y millones de litros de agua nos volvimos otras 2 horas de camino a pegarnos una buena dicha y quitarnos los kilos de barro que teníamos por todas partes.