Después de haber cruzado todo el centro de Laos en un bus nocturno de 12 horas, donde había literas para dormir sin cinturón de seguridad, nos plantamos en Pakse. Una vez allí a las 7 de la mañana, esperamos nuestro momento para entrar en una guesthouse, pegarnos unas duchas resucitamuertos y montar un día completo en tuk-tuk para visitar toda la región en un solo día.

A falta de tiempo y con ganas de relajarnos en las 4000 islas del sur, encontramos un personaje que por unos cuantos kips, nos realizó un recorrido de 8 horas por toda la Bolaven Plateau. Una zona provista de cascadas, campos de café, de té, y aldeas tribales.

Parecía ser una jornada larga, pues las distancias a recorrer sumaban unos 200 kilometros, sin embargo, el conductor fue muy hábil y nos plantamos en todos los lugares fácilmente pasando una jornada de lo más variada y entretenida.

Las primera parada fue las cascadas de Tad Fane, famosas en el lugar. La primera de ellas, eran unas cascadas visibles desde un mirador alto que apuntaba a un gran precipicio, donde desde lo alto del mismo dos grandes cascadas descendía simultáneamente y paralelas hasta el final del abismo. Todo ello rodeado de abundante vegetación que coloreaba el lugar y lo tornaba en un paraje único, sin embargo, la topografía de aquel sitio era tan abrupta que acercase más a las cascadas lo volvía una actividad peligrosa y nada recomendable, especialmente cuando calzas unas chancletas playeras.

La segunda parada a un par de kilómetros fue Tad Niang, otras cascadas, esta vez, mucho más accesibles, con un mirador donde te mojabas por el vapor de agua provocado por la inmensidad del agua que salía volando del choque del agua con el gran lago-río donde terminaban. En el lugar, accedías cruzando por una relajante área de picnic donde los locales se bañaban y esta todo lleno de bonitos puentecitos de madera y piscinas naturales. Siguiendo el camino, accedías al mirador, algo resbaladizo y embarrado, pero muy recomendable.

Volviendo a la carretera, realizamos algunas paradas en fincas privadas donde plantaban café y té. Sinceramente nosotros esperábamos algo más espectacular, pues no se trataban de inmensas plantaciones, sino más bien, humildes campos de varios kilómetros, donde se podían apreciar las plantas de café y de té. Por desgracia no coincidimos con la época de procesado del café, así que no vimos el tostado y procesado del mismo, pero si que entramos en un taller donde tenían todo lo necesario para su preparado. Fue bonito entender el negocio y ver el diferente estado de las plantas, su grano o incluso tomar algo de té, en la casa de la dueña que lo plantaba. De todos modos, no es algo que por si solo, sea tan llamativo como para visitar la región, aún así de pasada, y para complementar la jornada fue muy educativo.

Más tarde, recorrimos otros tantos kilómetros en busca de un bonito mirador para contemplar la Bolaven Plateau, pero nuestras intenciones fueron en vano y no encontramos un lugar propicio para verla, toda la zona es muy plana y no llegas a hacerte una idea de como es la región. Muy poblada de vegetación y campos privados de café o té, pueblos y bosques, pero nada más.

Llegando a Tad Lo, la cosa se puso interesante, al descubrir unas cascadas fantásticas donde era posible meterse debajo de ellas y bañarse en las diferentes terrazas llenas de agua. Los niños se meneaban por los bordes de las terrazas como si fuera fácil, pero un tropiezo podía ser algo aparatoso, decantandote a la siguiente terraza inferior. Además, encontramos otra guesthouse, que estaba construida justo al lado de las cascadas, ofreciendo bungalows, con vistas espléndidas a precios lujosos. Algunos “falangs” suelen pasar varios días de relax en la zona, pagando unos 30 dólares por la cama.

Para finalizar la ruta, visitamos Tad Paxuam, sin duda, la mejor parte del día. La visita a este lugar nos sorprendió con un pueblo tribal, donde habitaban ancianas que vestían ropas tradicionales y anillos gigantes que les perforaban los lóbulos de las orejas. Alguna de ellas fumando en pipa de hierro y otros construyendo instrumentos con fragmentos de bambú. Todo el lugar era interesante, pues algunas casas podían ser visitadas y en su interior había todo tipo de artesanías típicas de su tribu, tambores, cestos, elementos de cocina, objetos rituales y demás elementos religiosos. También encontramos mujeres tejiendo con unos telares completamente distintos a los que vimos en el norte del país; una familia nos invitó a su casa, para que viésemos como estaba cocinando el sticky rice. Incluso acabamos jugando a diversos juegos de inteligencia hechos con bambú por una vieja mujer que estaba tocando una guitarra laosiana que había construido ella misma.

A pocos metros de la aldea, cruzamos un precario puente de cañas de bambú que nos condujo a las espectaculares cascadas de Tad Paxuam, un lugar precioso, donde el agua desciende en un repecho con forma de gran “U”, y en frente el mirador donde nosotros estábamos había construido un hotel al puro estilo “rivendel-tribal-asiático”, todo de madera y con unas terrazas con calzadas de madera y troncos de lo más fantasioso. Algo que nos sorprendió por su estilo fantástico y nada común en Laos, pero que aún así nos dejo muy contentos y con buen sabor de boca.

Precios:
Jornada en Tuk-tuk de 8 horas para el itinerario: 350.000 kip para 2 personas
Precio medio de acceso a las cascadas: 5.000 kip por persona.