Como portal de entrada a China, pensamos que Hong Kong sería una ciudad interesante de ver para comparar sus diferencias culturales e idiomáticas con el resto del país. Al haber sido una colonia inglesa durante muchos años casi todo el mundo habla inglés y eso facilita mucho las cosas. En cualquier caso, descubrimos que Hong Kong tiene un estilo de vida y una ciudad verdaderamente británica.

Nos hospedamos en la isla de Kowloon, pues Hong Kong está establecida en una zona costera llena de islas y todas ellas están conectadas con puentes gigantescos, lineas de metros y barcos. La llegada a la guesthouse fue interesante, pues llegamos sin ninguna reserva a las 11 de la mañana, pensando en ir a un edificio de 40 plantas donde todos sus pisos son hoteles, guesthouses y demás hospedajes. Lo curioso es que no llegamos a ningún sitio sin antes ser cazados por una caza-turistas en busca de habitación. Al parecer la zona a la que fuimos Nathan Street, tiene tantos hoteles y guesthouses que para captar clientes, esparcen una serie de cazadores a comisión por la calle, por lo que, cuando te ven con una mochila o maleta, se precipitan sobre tu yugular para morder bien fuerte. En nuestro caso, aceptamos la oferta de esa chica y mientras andábamos por la calle hacia su guesthouse, por lo menos 10 o 20 chinos, paskistanies e indios, nos ofrecieron habitaciones “exageraaaadamente baratas”, y tuvimos que irlos sorteando. Francamente, no me gusta sentirme acosado cuando llevo 20 kilos de equipaje encima de mis hombros.

Driblamos a todos y llegamos a un acceso de lo más cochambroso, a nuestro hotel, pasando por el típico callejón de mala muerte, con tuberías, suciedad y cartones por el suelo de los 4 indigentes que suelen tener el dormitorio por allí. Todo ello olía muy mal, pero al final comprendimos que son edificios tan grandes, que para acceder a según que parte del recinto es mejor usar las puertas traseras del servicio, en lugar de la puerta principal. Al final, todo muy correcto y limpio, con bonitas vistas de las calles turísticas, camas cómodas, nevera, tele y aire acondicionado por un precio aceptable.

Para empezar toda la ciudad tiene un estilo urbanístico basado en el cemento que no la hace muy atractiva, sus calles recuerdan a veces a Londres, por sus autobuses rojos de dos plantas y las señalizaciones de tráfico orientadas en el lado erróneo de la calzada (del revés a todo el mundo). Algunos barrios incluso están llenos de tiendas y comercios de los más lujosos, recordando por completo la famosa Regent Street.

Al margen de los parecidos ingleses, tiene bastante personalidad, pues más del 80% de habitantes son asiáticos, con lo que nos encontramos con todo tipo de curiosidades propias de ellos. La comida china, es abundante, rica y se puede conseguir barata, pero es imprescindible, ojear bien los precios antes, pues en ocasiones algunos sitios pueden ser caros y tener un 10% de recargo de servicio escondido en la letra pequeña de la carta.

Las calles están abarrotadas de gente, casi siempre, es una marabunta de personas moviéndose por todas partes que debes esquivar hábilmente mientras das un paseo por sus mercadillos callejeros que son muchos y muy raros. Como buena ciudad de tecnología, fuimos en busca de algún cachibache electrónico, empezando en la peor calle que se puede hacer Nathan Street, un lugar donde los pakistanies, te abordan cada 10 metros ofreciendote Rolex de imitación y trajes Armani falsos, entre otras cosas. Cada una de estas tiendas en esta región, es menos fiable que un despertador chino del todo a cien. Son una mafia, tiendecitas pequeñas, con 10 o más agresivos vendedores dentro procurando cazar al turista despistado y aún tierno, listo para ser estafado. Estas tiendas, suelen tener fundamentalmente material de origen desconocido, estando fuera de garantía, quizás de contrabando o robado. Generalmente, utilizan la técnica de “si, tengo lo que buscas” y luego cuando vas a pagar te dicen que no les queda ese producto y te ofrecen otro peor y más caro. Incluso he leído que mientras te hacen pagar diciéndote que lo van a buscar al almacén, vuelven y te dicen que no les queda… imaginaos la incómoda situación. Por no hablar de las falsificaciones, es posible que te vendan cámaras fotográficas de imitación con hojas de garantía falsificadas con su número de serie. No podemos olvidar los magníficos carteles luminosos en sus entradas de “TAX FREE”, que en realidad es mentira, pues toda electrónica en Hong Kong está sujeta a un % de impuestos que ya viene aplicada sobre los comercios, por lo que cuando compras cualquier cosa, el “IVA” digamos que ya está aplicado. Estrategias sucias y lamentables que vale la pena saber antes de empezar a comprar nada.
Así pues nos informamos de donde se puede ir sin que te timen, algo fácil, solo tienes que evitar fundamentalmente, la calle más turística y sus alrededores, donde todo está lleno de hoteles y abundan los ladrones.

En el centro de Kowloon hay 3 calles perfectas para ver como funciona el comercio en la ciudad. Por un lado tenemos la calle de electrónica, llena de tiendas de cámaras, portátiles, y todo tipo de reproductores de música, etc… por no mencionar los Ipod libres de última generación a mitad de precio que la tienda de Apple.
Después tenemos la calle de los deportes, llena de tiendas de ropa de deporte, zapatillas de marca, chaquetas, pantalones, en fin todo lo necesario. Yo aproveche para comprarme unas botas de trekking, porque las primeras que me llevé murieron en Nueva Zelanda.
También al lado está el mercado de las mujeres, una calle abarrotada de tenderetes gigantes donde se puede encontrar toda esa ropa china que llega a occidente pero a precio de oriente, ¡vamos un chollo! pero tienes que activar los motores de regateo al 60% de lo que te dicen y conseguir al menos un 40 o 50% de descuento de la primera cifra ofertada, pues son más gitanos que el Ketama.

Si ya no te quedan euros por pulir, aún puedes darte un paseo por la calle de los peces dorados, una avenida increíble, llena de tiendas de peces y acuarios de todo tipo, reptiles y plantas marinas, acuarios gigantes de varios metros cúbicos con anémonas y microclimas de coral en su interior etc… Es increíble ver a tanta gente comprando pececillos ya preparados en bolsitas de plástico para llevar. En general, pudimos apreciar que no deben tener muchas leyes medioambientales de protección sobre especies animales, pues allí te encuentras todo aquello que en Europa está seguro prohibidísimo.

Fuimos a visitar un mercado de pescado donde a parte de ver la habilidad para cortar el género, nos dimos cuenta que ser pez no es muy bueno en Hong Kong. En un puesto del mercado encontramos un pescatero que cortaba unos peces de medio metro con la habilidad quirúrgica de mantenerlos vivos latiendo sus corazones durante un buen rato ya después de haberlos abierto dejando las tripas al aire y decapitado, un verdadero espectáculo GORE, terror puro, sangriento y siniestro. Incluso las nuevas víctimas desmenuzadas que sangraban se utilizaban para reavivar los latidos de los cuerpos que ya estaban moribundos del resto de peces del puesto. Para mayor deleite, aquí tenéis un video demostrativo, aunque advierto que no es apto para aprensivos.

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Para completar el día fuimos al mercado nocturno, que teóricamente era interesante, pero fue más bien algo decepcionante, cuatro tenderetes mal puestos y eso si, puestos de marisco y restaurantes donde te podías comer cangrejos, ostras y langostas a buen precio. De todos modos, y a pesar de la oferta, nuestros bolsillos se ajustaron a una comida más modesta…

Al día siguiente fuimos a visitar la isla de Hong Kong, la más enfocada a los negocios, llena de rascacielos y yupis. Una zona un tanto apresurada, pues las calles son bastante estrechas y los edificios muy altos, por lo que la sensación es bastante agobiante si a eso le añades, el tráfico, la gente loca por las aceras y los tranvías y buses de dos pisos abarrotando el poco aire que te queda libre.

Así pues, fuimos a ver la calle principal de negocios, para contemplar los rascacielos más famosos de la ciudad, y nos fuimos encarrilando hacia las diversas callejuelas de antigüedades chinas, donde podías encontrar todo tipo de artesanías y demás trastos viejos que abuelitos ciegos fumando tenían en venta en la calle. Nosotros estuvimos buscando a Gizmo (el gremlin bueno), pues creíamos que fue en Hong Kong donde lo podías encontrar, pero nada, solo tazas de té viejas, cajas de madera, relojes y demás recuerdos de un comunismo obsoleto en una ciudad donde el capitalismo ha regentado la administración económica durante casi 100 años.

Siguiendo por las viejas calles, fuimos a ver uno de los templos budistas más significativos de la ciudad donde unos inciensos en forma de espiral colgaban del techo quemando y dejando caer sus cenizas. Un lugar bastante místico y especial, comparado con otros templos.

El paseo continuó por el barrio de los mercaderes de productos secos y medicina china tradicional. Cientos de negocios al mayor y al por menor vendían todo tipo de pescados, mariscos, reptiles, aletas de tiburón y plantas secadas al sol, para mejorar la salud al puro estilo tradicional. Por ejemplo, nosotros descubrimos que para remediar el dolor de garganta, es recomendable tomarse un caldo calentito de lagartija seca. Las lagartijas se vendían empaladas en un palillo y crucificadas para que las dejaras deshacerse lentamente en una olla con agüita hirviendo, mmm… rico rico, casi que prefiero un té calentito con miel y limón.

Al parecer es toda una faena la que se origina en esta calle, cerca del puerto, donde miles de kilos de “comida seca”, salen en barco dirección a todo el mundo, suponiendo que los chinos del mundo reclaman sus antiguos remedios chinos.

Más tarde, tomamos un tranvía de doble piso que nos condujo, pausadamente, gracias al espeso tráfico y con bonitas vistas altas de las calles a un mercado perdido que vimos por la ciudad, donde abundaban, las tiendas de cachivaches chinos sin utilidad pero atractivos y las tiendas de juguetes chinos como coches, radiocontrol, soft air, dvd’s y música y tiendas de frikis llenas de muñecos de Star Wars y demás dibujos japoneses. A pocos metros de esa calle un edificio que albergaba 2 plantas de comercios de informática pura y dura, nada de tiendas de electrónica de consumo, sino, placas base, cpu’s, discos duros, memorias, etc… cosa que no desperdiciamos, encontrado 2 maravillosas tarjetas de memoria al mejor precio, una micro SD de 16 Gb y una compact flash de 32 Gb a un 75% más barato que España, todo de marca y con garantía.

Para finalizar el día, fuimos a ver el teórico espectáculo lumínico musical de la ciudad, efectuado cada día a las 8 de la noche. Desde el paseo marítimo de Kowloon, puedes observar el fantástico skyline de la isla de Hong Kong, algo hermoso y mucho más impresionante en mi opinión que incluso Nueva York o Tokyo, pues los edificios están todos iluminados y tienen una distribución horizontal muy armoniosa justo enfrente del mar.
Sin embargo, el espectáculo musical y lumínico fue una completa mmm… pues la música que sonó era de organillo “casio” cerdillo y los efectos de luz más bien mediocres, unos 15 minutos de cutre-espectaculo con más de cien personas metiendo sus codos y zancas en medio de las patas de mi trípode y quejándose para que no les tapase unos 3 grados de visión del skyline.

Una vez completado el “show” fuimos a ver el paseo de la fama, lleno de estrellas en el suelo de actores y actrices chinos de los últimos 100 y pico años, donde por culpa de nuestra ignorancia en el cine chino, solo nos alegramos al ver la estrella de Bruce Lee y una estatua suya mostrando sus duros pectorales de acero a todo el mundo con el skyline de fondo.