Justo en la frontera entre Sichuán y Yunnán rodeado de bonitas montañas se encuentra el espectacular lago Lugu. Famoso en todo el oeste de China como lugar donde habitan los Mosuo, una de las últimas minorías de sociedad matriarcal que queda en el mundo junto a otras tantas minorías étnicas. Todas ellas viven en diversos pueblos que hay repartidos por todo el perímetro que conforman el lago junto a los humedales.

Cuando llegamos, después de una jornada maratoniana de tren nocturno empalmando con un bus de 8 horas por las peores carreteras que he visto nunca, nos hospedamos en un pueblecito llamado Wuzhiluo justo en frente de los humedales. Esta es la zona que pertenece a la provincia de Sichuán que está muchísimo menos masificada, como pudimos comprobar más tarde, que la de Yunnán. La parte mala de no estar en un lugar lleno de tiendas de souvenirs y restaurantes con algunas cartas en inglés es que resulta complicado poder comer un plato normal. Así que acabamos desayunando y cenando huevo duro con pan al vapor o sopa de noodles con un huevo frito encima o una especie de revuelto de verduras con grasa de vaca (esto fue lo más cercano a un plato con carne que pudimos comer esos días, es un plato típico Mosuo). La parte buena fue que no vimos en ningún momento a ningún occidental de turismo (todos eran chinos) y estábamos en un pueblo súper auténtico con ranas cantando durante la noche en los humedales donde se podía ver a gente vestida yendo en barca con sus trajes típicos y no solo los disfraces que llevaban en la zona de Yunnán.

En realidad tan solo estuvimos un día visitando la zona, pero fue suficiente para darnos cuenta de que era un lugar muy especial donde aun se conservan vivas costumbres y culturas de las gentes del lugar si sabes perderte por los diversos pueblecitos de la zona.

Nosotros alquilamos unas bicicletas en nuestro hostel y nos fuimos a recorrer toda la zona de humedales desde nuestro pueblecito hasta los pueblecitos que se veían justo en la otra orilla Lawa y Shekua. Era un recorrido de más de 10 km que se puede hacer perfectamente en una mañana porque la carretera es plana y está en buen estado. Así que nos pusimos pies a la obra y pedaleamos por una carretera que bordeaba el humedal donde podías ver barcas típicas amarradas entre las largas hierbas que salían del agua, personas con trajes típicos pescando en sus barcas o mujeres y hombres que iban a trabajar los campos. Después de pedalear un ratito llegamos al pueblo de Lugu y fue allí donde nos encontramos con los buses de turistas chinos y las mujeres disfrazadas que te ofrecían un paseo a caballo. Pero fue allí también donde vimos a nuestro primer lama en uno de los templos tibetanos que hay por la zona.

Acto seguido cruzamos el llamado “Puente del Matrimonio” que unía las dos orillas del humedal. Este puente es llamado simbolizando el punto más importante de la cultura Mosuo que aunque cada vez menos se sigue practicando: el “Matrimonio Caminante” (Walking Marriage). En una sociedad matriarcal esto no es más que la forma de mantener un matrimonio entre un hombre y una mujer en el que cada uno vive siempre en casa de su madre y el hombre tiene que ir a pasar la noche a casa de su mujer y volver a casa de su madre al día siguiente. No existe ningún tipo de compromiso formal entre las dos personas y cuando una chica llega a la pubertad es libre de tener relaciones con otros hombres. Cuando una pareja o matrimonio se rompe simplemente se sustituye por otra. El otro punto importante es que los hijos de un “matrimonio” siempre pertenecen a la madre y no tienen que saber exactamente quién es el padre o conocerlo muy bien, será el hermano de la madre el que se encargue de cuidar a los niños. Claro está esta cultura está desapareciendo con el paso del tiempo y de la llegada del turismo pero aun así las mujeres siguen siendo supremas y siguen ocupando los puestos de poder. En el lenguaje mosuo también las palabras femeninas muestran mayor importancia que las mismas en masculino (algo así como pasaría en español con el significado de la palabra “zorro” y el de “zorra” pero al revés).

Una vez cruzado el puente y cansados ya de saludar en chino a bicho viviente llegamos a Lawa y Shekua donde pudimos pasear y disfrutar viendo a todas las mujeres trabajando en el campo o pasando por la calle vestidas con sus ropas típicas diferentes dependiendo de cada etnia.

Al día siguiente tomamos una barca a remo a las 7 de la mañana que nos llevó cruzando los humedales repletos de ranas cantando y en un escenario muy místico con la niebla cubriendo algunas montañas y zonas bajas. Después de cruzarnos con algunas barcas con hombres y mujeres Mosuo que iban a trabajar pasamos el punto que separaba Sichuán de Yunnán y vimos un bonito templo encima de una pequeña isla que hubiera sido genial visitar pero el bus hacia Lijiang salía en un rato y a remo se iba bastante lento aunque es de lo más relajado, así que continuamos hacia el pueblo de Luoshi ya en Yunnán.

Cuando llegamos descubrimos que habíamos estado en el lugar correcto del lago puesto que manadas de turistas invadían las calles y compraban en las miles de tiendas de souvenirs llevadas por gente disfrazada de Mosuo entre otras cosas.

Precios:
Entrada al lago Lugu: 80 yuanes
Bicicleta para medio día: 10 yuanes
Bicicleta para día entero: 15 yuanes
Barca que te lleva de Wuzhiluo a Luoshi: 80 yuanes/p