Después de pasar una larga noche en un autobús nocturno con sus respectivas camas pero repleto de hombres fumando sin cesar, comiendo pipas y con sus pies en nuestras cabezas llegamos a Shangrila, una de las primeras poblaciones tibetanas que teníamos planeado visitar. Y como tibetano, Shangrila es un pueblo situado a unos 3000 metros de altitud por lo que el mal de altura es un problema que hay que tener en cuenta.

Shangrila es conocido por tener uno de los monasterios tibetanos más importantes de China y por su casco antiguo de bonitas calles y casas rígidas de techos de madera y con ventanas encuadradas y decoradas al estilo tibetano.

Nos hospedamos en una bonita casa tibetana con un gran patio interior situada en el casco antiguo del pueblo y nos fuimos directos a ver el famoso monasterio Ganden Sumtseling Gompa que estaba construido a lo largo de una colina con el templo de tejado dorado en lo más alto.
Mientras nos fuimos acercando con el bus y después de haber pagado una cuantiosa entrada (para lo que son las entradas en China) fuimos descubriendo una bonita población de casas blancas repartidas por toda la colina con callejuelas estrechas y una principal que subía desde el porticón de entrada de la ciudad-monasterio a la entrada del templo principal.

Desde lejos el lugar parecía muy bonito y original pero a medida que nos íbamos adentrando al recinto descubrimos que allá donde mirábamos teníamos calles abiertas, casas semi-derruidas y obreros con montones de arena y piedras por todas partes. Haciendo el ojo un poco más agudo nos fijamos en que los edificios que no parecían tan viejos eran realmente nuevos, demasiado para un monasterio que se suponía que tenía 300 años de antigüedad. Poco a poco fuimos subiendo las escaleras y llegamos a la base del gran templo para, por fin, descubrir la verdad de lo que son los trabajos de restauración chinos: simplemente, inexistentes. En la base del templo, justo en medio de las dos grandes torres que albergaban otros pequeños templos descubrimos un gran montón de escombros. Y en un pequeño panel descubrimos el plan de “restauración” que el gobierno chino había planeado para el monasterio: simplemente hacerlo todo nuevo. Tristemente en China debe ser más barato contratar a 100 obreros chinos que lo tiren todo abajo y lo reconstruyan de nuevo que a un buen restaurador.
Con el rabo entre las piernas y con la sensación de estar viendo un bonito parque temático del Tíbet, nos fuimos a ver los templos laterales, uno ya lo habían reconstruido y lo estaban pintando con bonitas pinturas típicas tibetanas y el otro y estaba finalizado. Hay que decir que a parte de algunas tuberías muy mal puestas en los nuevos edificios, el resto era precioso, no dudamos en que cuando las obras hayan finalizado el lugar será espectacular, pero habrá perdido toda la magia y la historia que tienen las cosas antiguas y originales. Como siempre en China lo que mandan son las copias y como sigan así en muchos lugares de China dentro de unos años lo único que se podrán ver serán eso, copias baratas de un bonito y antiguo original.

Después de abandonar el bonito proyecto de nuevo monasterio con un sabor agridulce nos fuimos a pasear por las bonitas calles de Shangrila descubriendo tiendas de todo tipo de artesanías y subiendo a una gran estupa donde decenas de tibetanos y chinos daban vueltas a una gigantesca columna dorada mientras rezaban sus oraciones.

Por la tarde, antes del anochecer, se organizó en la plaza principal del pueblo un gran baile popular donde todo tipo de gente del pueblo danzaban en forma de círculo como si fuera una sardana pero con una coreografía mucho más rica y variada (perdón para los sardanistas).

Precios de interés:
Entrada al monasterio Ganden Sumtseling Gompa: 85 yuanes entrada principal y 55 yuanes por ser menor de 24 y estudiante (como yo les dije).